De Bello Gallico V
[1] Siendo Lucio Domicio y Apio Claudio cónsules, marchando César desde el campamento hacia Italia como tantas veces había acostumbrado a hacer, ordena a los legados, a los cuales había puesto al frente de las legiones, que se cuidasen de que el mayor número posible de naves fuese a ser construido en invierno y que las viejas tuviesen que ser reparadas. Demuestra el modo y la forma de las naves. Para la rapidez de cargar y para los atraques las hace un poco más livianas que de las que acostumbramos a servirnos en nuestro mar y sobre todo porque por los numerosos cambios de las mareas había sabido que los grandes flujos eran hechos menos allí; para las cargas, para transportar una multitud de caballos, las hace un poco más anchas que de las que nos servimos en los demás mares. Ordena que todas estas acciones sean hechas para el cual asunto ayuda mucho la ligereza. Ordena que sean llevadas desde Hispania esas cosas que sirven de uso para armar las naves. Él mismo, celebradas reuniones de la Galia citerior, marcha al Ilírico, porque escuchaba que la última parte de la provincia era devastada en incursiones por los pirustos. Al haber llegado allí, pide soldados a las ciudades y ordena reunirlos junto a un lugar acordado. Anunciada esta cosa, Pirustas envía legados a él, los cuales enseñen que nada de estas cosas había sido hecha en público consejo, y demuestran que ellos mismos han sido preparados para satisfacer con todas las razones sobre las injurias. Aceptado el discurso de ellos, César pide rehenes y ordena que éstos sean llevados según un día concertado; si no lo hubieran hecho así, demuestra que él tenía que perseguir la ciudad con la guerra. Llevadas estas cosas cada día, como había ordenado, da entre las ciudades árbitros que estimen la lucha y decidan el castigo.

[2] Terminadas estas cosas y hechas las reuniones, vuelve a la Galia citerior y desde allí al ejército marcha. Al haber llegado allí, inspeccionado todo el campamento de invierno, encuentra que por el singular afán de los soldados en la grandísima escasez de todas las cosas han sido preparadas casi seiscientas naves de este tipo, del cual demostramos más arriba, y veintiocho largas y que no distaban mucho de él, de tal manera que pueden ser llevados en pocos días. Alabados los soldados y ellos que habían estado al frente de la actividad, muestra qué quiere que sea hecho, y ordena que todos se reúnan junto al puesto Icio, desde el cual puerto había sabido que el trayecto había sido muy cómodo desde Britania, alejado del continente casi treinta mil pasos: deja para este asunto lo que pareció que era suficiente de soldados.Él mismo marcha con cuatro legiones libres y ochocientos jinetes hacia las fronteras de los tréveros, porque éstos ni venían a las asambleas ni obedecían al imperio y se decía que solicitaban a los germanos transrenanos.

[3] Esta ciudad es largamente la más fuerte de toda la Galia en caballería y tiene grandes tropas de infantería y alcanza el Rin, como más arriba demostramos. En esta ciudad dos, Indutiomaro y Cingetórige, luchaban entre ellos por el principado; a partir de estos uno, tan pronto como supo de la llegada de César y de las legiones, vino hacia él y confirmó que él y todos los suyos estarían en el oficio y que no se alejarían de la amistad del pueblo romano y muestra qué cosas eran llevadas en los Treveros. Pero Indutiomaro decide reunir a la caballería y a la infantería y prepara la guerra resguardados aquellos que no podían estar en armas por su edad hacia el bosque Arduennam, el cual se extiende con enorme grandeza por el centro de las fronteras de los Treveros desde el río Rin al principio de los Remos. Pero después que algunos príncipes llevados desde la ciudad y familiaridad de Cingetórige y asustados por la llegada de nuestro ejército vinieron a César y comenzaron a pedir de él privadamente sobre sus cosas, porque no pudieran consultar a la ciudad, habiendo temido que fuera abandonado por todos, Indutiomaro envía legados hacia César.

[4] César, aunque comprendía por qué causa eran dichas estas cosas y qué asunto lo asustaba de la decisión tomada, sin embargo, para que no obligara a consumir el verano en los Tréveros, preparadas todas las cosas para la guerra británica, ordenó que Indutiomaro viniera junto a el con doscientos rehenes. Llevados estos, entre ellos su hijo y todos sus familiares, a los cuales había llamado por su nombre, consoló y asumió a Indutiomaro para que permaneciese en el deber. Convocados más rápidamente sin embargo junto a él los príncipes de los treveros, unió individualmente éstos a Cingetorige...

[5] Constituidas estas cosas, César hacia el huerto Itio con las legiones va. Allí sabe que sesenta naves, que habían sido hechas en los Meldos, rechazadas por la tempestad, no habían podido mantener el curso y habían vuelto allí mismo, desde donde habían marchado. Encuentra que las demás han sido preparadas para navegar y que han sido instruidas con todas las cosas. Allí mismo se reúne la caballería de toda la Galia, con un número de cuatro mil, y los príncipes de todas las ciudades. De estos, había decidido dejar en la Galia a unos pocos cuya fidelidad hacia él había observado, llevar consigo a los demás en calidad de rehenes, porque, al estar él ausente, temía un levantamiento de la Galia.

[6] Estaba juntamente con los demás el eduo Dumnórige, sobre el que fue hablado antes por los nuestros. Había decidido tener consigo a éste entre los primeros porque había sabido que él era deseoso de nuevas cosas, deseoso de poder, de gran ánimo y de gran autoridad entre los galos. Sucedía entonces que en el consejo de los eduos, Dumnórige había dicho que el poder de la ciudad le era quitado por César. Los eduos gravemente llevaban esta palabra y no se atrevían a llevar legados a César para protestar o pedir perdón. César había conocido este hecho de sus huéspedes. Aquél con todas sus súplicas comenzó a pedir en primer lugar que fuese abandonado en la Galia, por una parte, porque desacostumbrado de navegar temía al mar, por otra parte, porque decía que él era impedido por la religión. Después que vio que esto era negado obstinadamente a él, asumida toda esperanza de atacar, comenzó a pedir a los príncipes de la Galia, a nombrarlos de uno en uno y a pedir que permanecieran en el continente. Estas cosas por muchos eran llevadas hacia César.

[7] Conocida esta cosa, César, porque atribuía tanta dignidad a la ciudad edua, decidía que Dumnórige tenía que ser obligado y asustado con cualquier cosa que pudiera; (decidía que) porque veía que la locura de él avanzaba más largamente, tenía que marchar para que no pudiera dañar algo a él y a la república. Así pues, habiéndose retrasado casi 25 días en este lugar, porque impedía la navegación el viento Coro, el cual acostumbraba a soplar en estos lugares gran parte de todo el tiempo, daba trabajo para que mantuviera en la obligación a Dumnórige, para que conociera sin embargo nada más tardíamente todas las decisiones de él: finalmente, habiendo alcanzado un tiempo idóneo, ordena que los soldados y jinetes suban a las naves. Pero impedidos los ánimos de todos, Dumnórige comienza a marchar a casa con los jinetes de los eduos desde el campamento, desconociéndolo César. Anunciada esta cosa, César, interpuesta la salida y pospuestas todas las cosas, envía gran parte de la caballería para perseguirlo y ordena que sea traído de vuelta; si hace la fuerza y no obedece, ordena matarlo, habiendo pensado que éste no haría nada estando él ausente por sano, el cual había rechazado el poder del presente. Aquel, en efecto, vuelto a llamar comienza a resistir y a defenderse con la mano y a suplicar la confianza de los suyos, gritando a menudo que él es libre y de una ciudad libre. Aquellos, como había sido ordenado, rodean al hombre y lo matan: pero todos los jinetes eduos son vueltos a César.

[8] Hechas estas cosas, dejado Labieno en el continente con tres legiones y dos mil de jinetes, para que fuera protegido el puerto y preparara el abastecimiento, y supiese qué cosas eran hechas en la Galia y tomase en efecto la decisión por el tiempo y por el asunto, él mismo con cinco legiones e igual número de jinetes, que había dejado en el continente, dirigió sus naves hacía el ocaso del sol y llevado por un suave Áfrico alrededor de la medianoche, interpuesto un viento, no mantuvo el curso y llevado más largamente por la marea, habiendo salido la luz, vió que Britania había sido dejada bajo la izquierda. Entonces habiendo seguido de nuevo un cambio de la marea, avanza con los remos para que tomara esta parte de la isla, por la que había sabido en el anterior verano que el regreso era mejor. En este asunto, el valor de los soldados tuvo que ser alabado al modo, los cuales igualaron la marcha de las largas naves a las naves de transporte y pesadas, no interpuesto el esfuerzo de remar. Accedió a Britania con todas las naves en el momento casi meridiano, y en este lugar no fue visto el enemigo; pero, como César supo de los prisioneros después, como grandes tropas se hubieran reunido allí, asustadas por la cantidad de naves, que habían sido vistas ochocientas en un solo momento con las antiguas y privadas qe cada uno había hecho de su conveniencia, se habían marchado de la costa y se habían dirigido a lugares superiores.

[9] César, expuesto el ejército y tomado un lugar idóneo para el campamento, cuando supo de los cautivos en qué lugar se habían acuartelado las tropas de los enemigos, dejados junto al mar diez cohortes y 300 jinetes, que servían de defensa para las naves, sobre la tercera vigilia avanza hacia los enemigos, no habiendo temido por las naves, porque las dejaba atracadas junto al ancla en un litoral accesible y abierto, y puso al frente a Q. Atrio para la defensa de las naves. Él mismo, habiendo avanzado casi 12000 pasos de noche, vió las tropas de los enemigos. Aquellos, habiendo avanzado hacia el río con la caballería y los carros, comenzaron a alejar a los nuestros de un lugar superior y a trabar combate. Rechazados por la caballería, se refugiaron dentro del bosque, habiendo alcanzado un lugar fortificado brillantemente por la naturaleza y por el trabajo, el cual habían preparado ya antes por causa de una guerra interna, según parecía: pues, cortados numerosos árboles, todos los accesos habían sido cerrados. Ellos mismos luchaban aislados desde el bosque e impedían que los nuestros entrasen dentro de las fortificaciones. Pero los soldados de la séptima legión, hecha la tortuga y tirado el montículo junto a las fortificaciones, tomaron el lugar y expulsaron a estos del bosque, recibidas unas pocas heridas. Pero César prohibió perseguir más largamente a aquellos que huían, porque desconocía la naturaleza del lugar y porque, consumida gran parte del día, quería que fuera dejado un tiempo para la construcción del campamento.

[10] Al día siguiente de este día, por la mañana en tres veces envió a soldados y jinetes hacia la expedición para que persiguieran a estos que habían huido. Habiendo avanzado estos un poco de camino, como ya estuvieran lejanos en la mirada, los jinetes vinieron desde Quinto Atrio hacia César, los cuales anunciaran que en la noche anterior, habiendo surgido una enorme tempestad, casi todas las naves habían sido dañadas y habían sido empujadas en el litoral, porque ni aguantaban las anclas y cuerdas ni podían soportar la fuerza de la tempestad los marineros y pilotos; (los cuales anunciaran) que así pues había sido recibido un gran problema a partir de este rumbo de las naves.

[11] Conocidas estas cosas, César ordena que sean llamadas las legiones y la caballería y que resistan en el camino, él mismo se vuelve a las naves; claramente observa las mismas cosas que había sabido de los mensajeros y de la carta, de tal manera que, perdidas casi cuarenta naves, parecía que, sin embargo, las demás podían ser terminadas con gran negocio. Así pues elige a uno de los obreros de las legiones y del continente ordena que otros se acerquen. Escribe a Labieno, que prepare el mayor número posible de naves para estas legiones que están junto a él. Él mismo, aunque la cosa era de mucha obra y esfuerzo, sin embargo decide que era más cómodo que todas las naves fueran llevadas y fueran unidas con el campamento por una empalizada. En estas cosas se ocupó alrededor de diez días, ni siquiera suspendidos los tiempos nocturnos para el trabajo de los soldados. Sometidas las naves y fortificado brillantemente el campamento, dejó para fuerza de las naves las mismas tropas que antes: él mismo marcha allí mismo de donde había vuelto. Al haber venido allí, las mayores tropas de Britanos se habían reunido desde todas partes junto a este lugar. Con el común consejo de administrar los mayores permisos del poder y la guerra. Casiuvelano, cuyos límites divide el río desde las ciudades marítimas, el cual es llamado Támesis, casi a ochenta mil pasos del mar. Las guerras continentales con las ciudades restantes habían interesado a este en tiempo anterior; pero los Britanos movidos por nuestra llegada habían puesto a este al frente de toda la guerra e imperio.

|12] La parte interior de Britania es habitada por ellos los cuales dicen ellos mismos según la memoria de las historias que nacieron en la isla, la parte marítima por aquellos que llegaron de Bélgica para llevar botín y guerra (los cuales todos, casi son llamados por estos nombres de ciudades de las que llegaron allí habiendo salido de las ciudades).
La multitud de hombres es infinita y numerosos edificios son similares casi a los Galos, el número de ganado es grande.Ellos se sirven o del cobre o de la moneda dorada o de barras férreas examinadas por monedas según cierto peso. Nace allí el plomo blanco en las regiones mediterráneas y en las marítimas nace el hierro pero la abundancia de él es escasa, se sirve del cobre importado.
La madera de cada tipo es como en la Galia a excepción de haya o abeto. Ellos no consideran que esté permitido comer liebre y el pato y la gallina; estas cosas sin embargo alimentan para su ánimo y deseo. Los lugares son más templados que en la Galia, con fríos más suaves.

[13] La isla por naturaleza es triangular, de la que un único lado está junto a la Galia. Mira más abajo hacia el medio día otro ángulo de este lado, el cual está hacia el sol naciente hacia Cantio, hacia donde son dirigidas casi todas las naves desde la Galia. Esto se extiende casi cincuenta mil pasos. Uno está inclinado a Hispania y el sol occidental, desde esta parte está Hibernia, en una mitad menor que Britania, como es estimado pero separado por el mismo espacio que hay desde la Galia a Britania. En el centro de este trayecto hay una isla, que es llamada Mona: Muchísimas además son consideradas menores islas vecinas, de las cuales islas todos escribieron que había noche bajo la bruma treinta días seguidos. Nosotros no hallábamos nada de esto con nuestras preguntas, a no ser que veíamos que las noches eran más cortas que en el continente con ciertas medidas desde el agua. De este lado la longitud es de setenta mil como la opinión de aquellos dice. La tercera está contra el norte; ninguna tierra ha sido encontrada para esta parte, sino que el ángulo del lado de ésta mira sobre todo a Germania. Se estima que esto está a ochenta mil pasos a lo largo. De este modo toda la isla está en contorno veinte veces cien mil pasos.

[14] Largamente de todos estos los más humanos son los que habitan Cantio, la cual región es toda marítima, y no difieren mucho de la costumbre Gálica. La mayoría interiores no cultivan el trigo, sino que viven de leche y carne, y están vestidos con pieles. Verdaderamente todos los britanos se untan con glasto, porque aporta un color azulado, así este aspecto los hace más horribles en la lucha. Son de cabello abandonado y toda la superficie del cuerpo rasurada : excepto la cabeza y el labio superior. De diez en diez y de doce en doce y sobre todo hermanos con hermanos y padres con hijos tienen esposas comunes entre sí, pero los que nacieron de ellos son considerados hijos de ellos, hacia quien fue llevada cada virgen en primer lugar.


[15] Los jinetes de los enemigos y los combabientes en carro duramente se enfrentaron en una batalla con nuestra caballería en el camino, aunque los nuestros fueron superiores en todas partes y empujaron a estas a los bosques y colinas pero, matados muchísimos, habiendo perseguido mas ávidamente perdieron algunos de los suyos. Pero aquellos, interpuesto un espacio, ocupados también los nuestros imprudentes en la fortificación del campamento, habiéndose colocado de pronto desde la estación delante del campamento, lucharon fuertemente y, enviadas dos cohortes por Cesar para la defensa y estas las primeras de las dos legiones, al haberse colocado entre sí en un espacio intermedio reducido del lugar, asustados los nuestros por el nuevo tipo de batalla, por el medio muy audazmente cruzaron y se retiraron de allí incólumes. En este día es asesinado Quinto Laverio Duro, tribuno de los soldados. Aquellos son rechazados, enviadas muchas cohortes.

[16] En todo este tipo de lucha, al lucharse bajo los ojos de todos y delante del campamento, se comprendió que los nuestros eran menos aptos para un enemigo de este tipo, porque ni podían seguir a los que se retiraban ni se atrevían a alejarse de los estandartes, se comprendió sin embargo que los jinetes luchaban en el combate con gran peligro, porque aquellos se retiraban también adrede y, como hubieran desordenado a los nuestros poco a poco desde las legiones, bajaban de los carros y luchaban a pie con dispar combate. La razón sin embargo del ecuestre combate infería un peligro igual y el mismo a los que se retiraban y a los que perseguían...

[17]