De Bello Gallico IV


[1] Estas cosas que siguió en invierno, el cual año fue, siendo cónsules Pompeyo y Craso, los germanos Usipetes y del mismo modo los Tenteros, con gran número de hombres atravesaron el río Rin, no lejos del mar, hacia donde desemboca el Rin. La causa de cruzar fue que, acosados varios años por los Suevos, eran presionados por la guerra y eran alejados de la agricultura. La gente de los Suevos es de lejos la más grande y belicosa de todos los Germanos. Se dice que estos tienen cien aldeas, de los cuales anualmente cada una guían desde la frontera miles de armados para luchar. Los demás, que permanecieron en casa, se alimentan a ellos mismo y a aquellos. De nuevo estos a la vuelta un año después están en armas, aquellos permanecen en casa. Así ni el cultivo del campo ni la razón y el uso de la guerra es parado. Pero junto a estos no hay nada de campo privado y separado, y no es lícito permanecer en un lugar para cultivar más largamente que un año. Ni viven mucho con el grano, sino la máxima parte con la leche y con ganado, muchos están en las cacerías. Este asunto alimenta sus fuerzas por el tipo de comida y por el ejercicio diario y por la libertad de su vida, porque no hacen absolutamente nada contra su voluntad, acostumbrados desde niños en ningún deber o disciplina, y produce hombres de enorme grandeza de cuerpos. Y hacia esta costumbre se dirigieron, es decir, que en lugares muy fríos no tienen ninguna ropa excepto pieles de las que por su pequeñez gran parte del cuerpo está descubierta, y se lavan en ríos.

[2] Para los mercaderes hay una entrada más por esto para que tengan lo que tomaron en la guerra a quienes venden, más para que desearan que alguna cosa sea llevada a ellos. En combates ecuestres a menudo bajan de los caballos y luchan a pie, acostumbraron a que sus caballos permanecieran en la misma huella, a los que rápidamente se retiran cuando hay necesidad: en la costumbre de éstos no es tenido algo ni como más vergonzoso o inerte que servirse de la sillas de montar. Así pues unos pocos se atreven a ir hacia cierto número de jinetes sin sillas. No permiten que el vino de ninguna forma sea llevado junto a ellos porque piensan que los hombres se ablandan y afeminan por este asunto para soportar el trabajo.

[3] Publicamente piensan que el máximo elogio es que los campos estén vacios lo más anchamente posible de sus fronteras. Así pues se dice que los campos están vacíos cerca de cien mil pasos desde una parte desde los Suevos. Hacia una de las dos partes los Ubios suceden, cuya ciudad de los germanos fue extensa y florida cuando fue capturada. Estos paulatinamente aunque son del mismo tipo son más humanos que los demás porque alcanzan el Rin. Aunque los suebos, habiendo encontrado a éstos en muchas guerras, no hubieran podido expulsar de sus fronteras la gravedad de la ciudad a causa del tamaño, sin embargo los hicieron tributarios para ellos y con mucho volvieron más humildes, más débiles.

[4] En la misma causa estuvieron los usipetes y ténteros que más arriba dijimos; estos sostuvieron durante muchos años la violencia de los suevos, expulsados sin embargo de los campos hacia el extremo y habiendo vagado durante tres años por muchos lugares de Germania, llegaron al Rín, las cuales regiones habitaban los menapios. Estos tenían campos, casas y pueblos a ambos lados del río; pero asustados por la llegada de tanta gente habían salido de estos edificios que habían tenido al otro lado del río y, colocados los guardias en este lado del Rhin, prohibían que los germanos cruzaran. Aquellos, habiendo probado todo, como no pudieran ni resistir por la fuerza por la escasez de naves ni cruzar abiertamente por los guardias de los menapios, aquellos simularon que ellos se volvían hacia sus casas y regiones y habiendo recorrido un camino de tres días se volvieron de nuevo y en todo este camino en una sola noche, completada la caballería, atacaron desconocedores a los indefensos menapios los cuales, hechos más ciertos por los exploradores de la partida de los germanos, habían emigrado sin miedo más allá del Rin hacia sus aldeas. Muertos estos, ocupadas las naves de ellos, atravesaron el río, antes de que esta parte de los menapios que estaba cerca del Rin fuera hecha más cierta, y, ocupados todos los edificios de estos, se alimentaron la restante parte del invierno con los recursos de estos.

[5] César hecho mas cierto de estas cosas y habiendo temido la debilidad de los galos, porque son rápidos en tomar decisiones y se afanan sobre todo en cosas nuevas, consideró que nada tenia que ser comenzado por estos. En efecto, esto es propio de la costumbre gala, es decir que obligan a mantener también forzados a los viajeros y obliga a pronunciar qué cosa y quien de estos y sobre que asunto ha oído o ha conocido, de qué regiones vienen, qué cosas han conocido allí. Movidos por estos asuntos y rumores, sobre las cosas más importantes a menudo tomen consejos de las cuales es necesario que ellos sufran en la huella al guardarse con rumores inciertos y al responder la mayoría a voluntad las mentiras de ellos.

[6] Conocida esta costumbre, César avanza hacia el ejercito más rápidamente, para que no llegase a una guerra más grave, de lo que había acostumbrado. Al haber llegado allí, conoció esos hechos los cuales había sospechado que serían. Llevados por esta esperanza, los Germanos vagaban ya más anchamente y habían llegado a las fronteras de los Eburones y los Condrusos, los cuales son clientes de los Treveros.
Convocados los príncipes gálicamente, César consideró que estas cosas que había conocido tenían que ser disimuladas por él y, golpeados y confirmados los ánimos de ellos, ordenada la caballería, decidió llevar la guerra con los Germanos.

[7] Preparado el aprovisionamiento y seleccionados los jinetes, comienza a hacer el camino hacia estos lugares, en los cuales lugares escuchaba que había germanos. Como distaba de aquellos un viaje de pocos días, los legados vinieron de aquellos, cuyo discurso fue éste:...

[8] Para éstas cosas César respondió lo que pareció; pero el final del discurso fue:...

[9] Los legados dijeron que ellos relatarían estas cosas junto a los suyos y que, discutido el asunto, volverían después del 3º día junto a César. Entretanto, pidieron que no movieran el campamento más cerca de él. César dijo que eso ni siquiera podía ser entregado por él. En efecto, había sabido que gran parte de la caballería había sido enviada por aquellos algunos días antes para robar y forrajear hacia los Ambivaritos al otro lado del Mosa. Pensaba que estos jinetes eran esperados y que un retraso era interpuesto por causa de este asunto.

[10] El Mosa fluye desde el monte Vosego, el cual está en los límites de los Lingones y, recibida una cierta parte del Rin, la cual se llama Vacalo, alcanza la isla de los Batavos, fluye hacia el Océano y no fluye más largamente del Océano hacia el Rin que 80.000 pasos. En cambio el Rin empieza desde los Lepontos, los cuales habitan los Alpes, y es llevado rápido en un largo espacio por las fronteras de los naunancios, helvecios, scuanos, mediomatricos, tribocos y tréveros y, cuando se acercó al Océano, hacia muchas partes se divide, creadas muchas enormes islas, de las cuales una gran parte es habitada por naciones barbaras salvajes, desde las cuales son quienes se piensa que viven de peces y huevos de ave, y fluye con muchas cabezas hacia el Océano.

[11] Al distar César del enemigo no más ampliamente que 12 mil pasos, como había sido decidido, los legados se vuelven hacia él. Estos, habiéndose reunido en el camino, pedían sobre todo que no avanzasen más rápidamente. Al no haber logrado esto, pedían que enviaran hacia los jinetes que habían precedido al ejército, que alejara a estos de la lucha y que para él hiciera el poder de enviar legados hacia los ubios. Si los príncipes y senados de estos hubieran hecho fidelidad para ellos con un juramento, mostraban que ellos se servirían de esta condición que es llevada por César. César pensaba que estas cosas eran aconsejables con aquel de modo que, interpuesto un retraso de 3 días, eran vueltos los jinetes de aquellos que estuvieran ausentes; sin embargo él dijo que él mismo avanzaría en este día por causa del agua no más largo de 4 mil pasos. Entretanto envía hacia los prefectos, los cuales se habían adelantado con toda la caballería, los cuales anunciaran que dañarán a los enemigos en el combate, y si ellos mismos eran dañados aguantarían hasta que él mismo hubiera llegado más cercanamente con el ejército

[12] Pero los enemigos, tan pronto como vieron a nuestros jinetes, de los cuales había un numero de 5000, como tuvieran ellos mismos jinetes no mas de ochocientos, porque todavía no habían vuelto aquellos que habían marchado mas allá del mar para forrajearse, no temiendo nada los nuestros porque los legados de estos se habían alejado poco antes de Cesar y había sido pedido por estos este día para el armisticio, hecho un ataque, rápidamente perturbaron a los nuestros; resistiendo éstos de nuevo, descendieron según su costumbre hacia los pies, echados muchísimos caballos nuestros bajo las fosas, lanzaron a los demás a la fuga y condujeron a éstos aterrados de tal manera que no desistían de la fuga antes de que hubieran llegado a la vista de nuestro ejercito. En este combate de nuestros jinetes son muertos 74, entre estos un fortísimo varón, el Aquitano Pisón, habiendo nacido de amplísimo linaje, del cual su abuelo había obtenido el poder en su ciudad, llamado amigo por nuestro senado. Como éste llevara auxilio al hermano cercado por los enemigos, sacó a aquel del peligro, él mismo, herido el caballo, caído se volvió a levantar muy fuertemente mientras pudo. Al haber muerto rodeado, recibidas muchas heridas y al haber advertido desde lejos eso el hermano, que ya se había retirado de la batalla, incitado el caballo, se enfrento a los enemigos y fue muerto.

[13] Hecho este combate, César pensaba que los legados no serían escuchados por él ni las condiciones serían aceptadas de aquellos que, pedida la paz, por un engaño o traiciones voluntariamente habían llevado la guerra. Opinaba que era propio de la mayor locura esperar hasta que las tropas de los enemigos fueran aumentadas, la caballería fuera vuelta y, conocida la debilidad de los galos, sentía cuánto habían conseguido ya junto a estos enemigos en un solo combate con anterioridad. Consideraba que nada de espacio será dado por aquellos para coger consejo. Decididas estas cosas y comunicado el consejo con los legados,para que no se interpusiera algún día de lucha, un hecho oportunísimo sucede, es decir, que al día siguiente de este día, en la misma mañana, los germanos, habiéndose servido del engaño y la simulación, reunidos todos los príncipes y ancianos por nacimiento, vinieron hacia este hacia el campamento, al mismo tiempo que se decía, para purgarse, porque, al contrario de lo que se había dicho y ellos habían pedido, habían empezado el combate el día anterior, al mismo tiempo que, si de algo fueran capaces, probaban sobre engañar en el tratado. César, habiéndose alegrado de aquellos llevados a él, ordenó que aquellos fueran retenidos. Él mismo las tropas sacó unos 500 del campamento y ordenó que la caballería siguiese al ejército porque juzgaba que había sido intimidada en un reciente combate.

[14] Colocada la triple linea y realizado el camino de ocho mil llegó al campamento de los enemigos antes de que los Germanos pudieran percibir qué cosa era hecha. Estos asustados subitamente por todas las cosas y por la rapidez de nuestra llegada y por la ausencia de los suyos, no dado un espacio de tener un consejo ni de tomar las armas, eran perturbados. Nuestros soldados incitados por la tensión del día anterior, irrumpieron contra el campamento, al notarse el temor de éstos por el temblor y concurso. En este lugar resistieron brevemente a los nuestros los que pudieron tomar las armas rápidamente y entre carros y los equipajes comenzaron la batalla. Pero la demás multitud de niños y mujeres comenzó a huir a todas partes (pues, cuando habían salido de casa con todas sus cosas, habían atravesado el Rin); César envió la caballería para cortar a éstos.

[15] Los germanos, escuchado ruido detrás de la espalda, viendo que los suyos eran matados, preparadas las armas, abandonadas las señales militares, se lanzaron del campamento y como hubieran llegado a la junta del Mosa y del Rin, perdida la restante huida, asesinado un gran número, los demás se arrojaron al río y allí murieron oprimidos por el miedo, fatiga, y la fuerza del río. Los nuestros todos incólumes a una, heridos muy pocos, apareciendo el temor de la guerra, al haber sido el número de enemigos de 430.000, se retiraron a su campamento. César hizo el poder de marchar a estos que había retenido en el campamento. Ellos, habiendo temido los suplicios y las crucifixiones de los galos, cuyas tierras habían destrozado, dijeron que deseaban permanecer junto a él. César les concedió el permiso.

[16] Terminada la guerra Germánica, por muchas causas César decidió que el Rin tenía que ser atravesado por él, aquella fue la más justa de estas porque, al ver que los germanos eran empujados tan facilmente que venían a la Galia,él quiso que ellos temieran también por sus cosas, al comprobar que el ejercito del pueblo romano podía y se atrevía a atravesar el Rin. Sucedió también que aquella parte de la caballería de los Usipetos y de los Tenteros, la cual anteriormente recordé que había cruzado el Mosa para robar y conseguir trigo y que no había participado en el combate, se había retirado después de la fuga de los suyos hacia las fronteras de los Sugambros y se habían unido con estos.Prometían gran numero de naves para transportar el ejercito

[17] Cesar por estas causas que he mencionado había decidido atravesar el Rin; pero pensaba que cruzar con los barcos ni era bastante seguro ni consideraba que fuera propio de su dignidad ni de la dignidad del pueblo romano. Así pues, aunque la mayor dificultad de hacer el puente era propuesta por la amplitud, rapidez y profundidad del río, sin embargo consideraba que esto sería despreciado por él o que el ejército no sería conducido de otro modo. Dispone esta decisión del puente.

[18] Terminado el trabajo en 10 días, desde que la madera había comenzado a ser transportada, el ejército es conducido. César, dejada una fuerte defensa a ambas partes del puente, se dirige hacia la frontera de los Sugambros. Los legados vienen entre tanto hacia él de muchísimas ciudades; responde de buen grado a estos que piden paz y amistad y ordena que los rehenes sean llevados a él. Pero los Sugambros, provocada la huida desde este momento en el que el puente comenzó a ser construido, animando ellos a los que tenían junto a ellos de los Tenteros y Usipetos, habían salido de sus fronteras y se habían llevad todas sus cosas y se habían dirigido hacia la soledad y los bosques.

[19] César, habiéndose retrasado unos pocos días en las fronteras de estos, incendiadas todas las aldeas y edificios y segado el trigo, se retiró hacia las fronteras de los Ubios y, habiendo ofrecido su ayuda a estos, por si eran atacados por los Suevos, conoció esto de ellos. Cuando César descubrió esto, terminadas todas esas cosas, por las cuales cosas había decidido que el ejército cruzara, para infundir miedo a los Germanos, para vengar a los Sugambros, para liberar a los Ubios del asedio, consumidos por completo los 18 días al otro lado del Rin, habiendo pensado que había marchado suficientemente para su alabanza y para su interés, se retiró a la Galia y cortó el puente.

[20] Siendo corta la parte restante del verano, César, aunque en estos lugares los inviernos son inestables porque toda la Galia mira hacia el Norte, sin embargo decide marchar a Britania porque comprendía que las tropas auxiliares habían sido llevadas allí a nuestros enemigos en casi todas las guerras Galas, y si el tiempo del año faltara para llevar la guerra, pensaba que esto serviría de gran experiencia para él… Todas estas cosas eran desconocidas casi para los Galos. Ni en efecto alguien marcha allí por casualidad excepto los mercaderes, ni algo ha sido conocido por estos mismos excepto la costa y esas regiones que están frente a la Galia. Así pues convocados los mercaderes junto a él desde todas partes, no podía saber cuánto era el tamaño de la isla, ni qué o cuántas naciones vivían, ni qué uso de la guerra tenían o de qué instituciones se servían, ni cuáles eran los puertos idóneos para una mayor multitud de naves.

[21] Habiendo pensado que Voluseno era idóneo para conocer estas cosas antes de que hiciera peligro, lo envía con una nave larga. Manda a éste que, exploradas todas las cosas, regrese junto a él lo antes posible. Él mismo con todas sus tropas marcha hacia Morino porque desde allí el trayecto a Britania era muy breve. Manda que aquí se reúnan las naves desde todas partes desde las regiones extremas y la flota, la cual había construido para la guerra Venética en el verano anterior. Entretanto conocida la decisión de él y divulgada por los mercaderes a los Britanos, vienen hacia él legados desde muchísimas ciudades de la isla, los cuales prometan dar rehenes y obedecer al imperio del pueblo romano. Escuchadas estas cosas, habiendo prometido y habiendo pedido de buen grado que permanecieran en esta opinión, los devuelve a la casa y envía juntamente con ellos a Comio, al que él mismo, superados los Arebatos, allí había nombrado rey, cuya virtud y decisión probaba y a quien consideraba que tenía como fiel y cuya autoridad era tenida en grande en estas regiones.

[22] Mientras en estos lugares César se demora para preparar las naves, vinieron desde una gran parte de los Morinos hacia él los legados, los cuales se excusaran de la decisión del tiempo anterior, porque los hombres bárbaros e ignorantes de nuestra costumbre hubieran hecho la guerra al pueblo romano y prometiesen que ellos harían esas cosas que hubiera ordenado. César habiendo pensado que esto le había sucedido bastante oportunamente, porque ni quería dejar al enemigo tras la espalda ni tenía facultad de llevar la guerra por causa de la época del año, ni juzgaba que estas ocupaciones de tantas cosas de Britania tenían que ser antepuestas, ordena a estos un gran número de rehenes. Conducidas estas cosas, los recibe a la lealtad. Reunidos y concentrados casi 80 naves onerarias, cuantas consideraba ser bastantes para transportar dos legiones, distribuye a un cuestor, a unos legados y prefectos lo que tenía además de naves largas. Aquí se acercaban las 18 naves onerarias, las cuales desde este lugar desde unos 8000 pasos eran tenidas con viento, de tal manera que pudieran llegar al mismo puerto: atribuye estas a los jinetes. Entregó a los legados Q.Titurio Sabino y a L.Aurelio Cota el ejército restante para conducirlo a los Menapios y esas aldeas de los Morinos de los que no habían llegado legados hacia él. Mandó que el legado P.Sulpicio Rufo ocupara el puerto con esta defensa que pensaba que era suficiente.

[23] Decididas estas cosas, habiendo encontrado el momento idóneo para navegar, resolvió casi tres vigilias y ordenó que los jinetes avanzaran hacia el último puerto y que las naves subieran y que él siguiera. Al haber sido administrados poco más tarde por estos, él mismo alcanza Britania con las primeras naves en la hora cuarta del día y allí desde todas las colinas vió expuestas todas las tropas armadas de los enemigos. De este lugar esta era la naturaleza y el mar era conservado en los estrechos montes de tal manera que podía ser lanzada una flecha desde lugares superiores hacia el litoral. Habiendo pensado que éste no era de ningún modo el lugar idóneo para salir hasta que las naves restantes se reunieran allí, esperó hasta la novena hora en anclas. Entretanto, convocados los legados y los tribunos de los soldados, muestra qué cosas habia sabido de Voluseno y qué cosas quería y recordó que la razón de la milicia y sobre todo que las cosas marítimas postulasen que al tener un movimiento rápido e inestable, todas las cosas fueran administradas por ellos a la señal y al tiempo. Enviadas estas cosas, habiendo obtenido un viento y una temperatura favorable en un tiempo, concedida la señal y levantadas las anclas, habiendo marchado desde este lugar aproximadamente 7.000 pasos, colocó las naves en una costa abierta y llana.

[24] Pero los bárbaros, conocido el consejo de los romanos, enviada la caballería y los combatientes en carro, hacia donde acostumbraron sobre todo a servirse de este estilo en los combates, habiendo seguido con las demás tropas, impedían que los nuestros saliesen con las naves. Una mayor dificultad había por estas causas, porque las naves no podían ser colocadas por causa de la magnitud excepto en alta mar, ... , al lanzar audazmente las flechas aquellos, habiendo avanzado o desde tierra o poco a poco hacia el agua, desembarazos todos los miembros, siendo los lugares muy conocidos, y al excitar a unos caballos acostumbrados. Los nuestros, asustados por estas cosas y desconocedores absolutamente de este tipo de lucha, no se servían del mismo ardor y afán del que habían acostumbrado a servirse en combates pedestres.

[25] Cuando César advirtió esto,ordenó que las naves largas,cuya forma era más inusual para los bárbaros y cuyo movimiento era más libre para su uso, fueran reemplazadas poco a poco por las naves pasadas y fueran empujadas por los remos y fueran colocados junto al lado abierto de los enemigos y ordenó que desde allí los enemigos fueran golpeados y fueran empujados con ondas, flechas y maquinas de guerra. Esta cosa sirvió de gran uso para los nuestros. Pues, movidas por la figura de las naves y por el movimiento de los remos y por el inusitado tipo de maquinas, los bárbaros se detuvieron y al poco ya volvieron el pie.Pero atrasándose nuestros soldados, sobre todo por la profundidad del mar, el que llevaba el águila de la décima legión, habiendo suplicado a los dioses de que esta cosa resultara felizmente para la legión, dijo: "Desembarcad, soldados, si no queréis entregar el águila a los enemigos, yo ciertamente garantizare mi oficio a la república y al general. Al haber dicho esto con gran voz, se lanzó desde la nave y comenzó a llevar el águila hacia los enemigos. Entonces los nuestros, habiéndose animado entre ellos, para que no fuera recibido un deshonor tan grande, todos desembarcaron de la nave. Habiendo observado del mismo modo a éstos los primeros desde las naves próximas, habiendo seguido se acercaron a los enemigos.

[26] Fue luchado por ambos enérgicamente. Los nuestros, sin embargo, porque no podían conservar las filas ni mantenerse firmemente ni seguir los estandartes y uno de otra nave se juntaba con cualquier estandarte que había encontrado, sobre todo eran perturbados; en cambio, los enemigos, conocidos todos los vados, en donde habían visto desde la costa a algunos saliendo de la nave, incitados los caballos, atacaban a los impedidos, muchos rodeaban a unos pocos, otros disparaban flechas contra todos desde un lugar abierto. Al haber visto esto César , mandó que los esquifes de las naves largas, del mismo modo las naves exploratorias, fueron llenados con soldados y enviaban ayuda a estos que había visto trabajando. Los nuestros simultáneamente se colocaron en árido, habiendo alcanzado todos los suyos, hicieron el ataque contra los enemigos y los entregaron a la fuga; y no pudieron seguir más largamente, porque los jinetes no habían podido mantener la carrera y tomar la isla. Esto solo faltó a César para su antigua fortuna.

[27] Superados los enemigos en el combate, al mismo tiempo que se retiraron desde la fuga, enviaron inmediatamente legados de paz hacia César; ellos prometieron que ellos mismos darían rehenes y harían lo que había ordenado. Junto con estos legados el atrebate Comnio viene, el cual yo había demostrado más arriba que había sido enviado a Britania por César. Aquellos habían apresado a este habiendo salido de la nave, al llevar las órdenes de César en modo de orador hacia estos y lo habían llevado hacia las cadenas; entonces, terminada la batalla, volvieron y en pedir la paz pagaron la culpa de este asunto hacia la multitud y a causa de la imprudencia pidieron que fuera perdonado. César habiéndose quejado porque al haber pedido la paz de él, enviados los legados hacia el continente por ambas partes, dijo que él perdonaba la imprudencia y pidió rehenes; dieron la parte de estos a aquel constantemente, dijeron que ellos tenían que dar en pocos días la parte rebuscada de lugares mas lejanos. Entre tanto ordenaron que los suyos regresaran a los campos y empezaron a reunir a los príncipes desde todas partes y a entregar a ellos y sus ciudades a César.

[28] Confirmada la paz con estas cosas, después del cuarto día que se ha llegado a Britania, 18 naves que habían transportado los jinetes, sobre las que fue demostrado anteriormente, zarparon desde un puerto superior con viento suave. Al acercarse estas a Britania y ser vistas desde el campamento, surgió de pronto un temporal tan grande que ninguna de ellas podía mantener la dirección, sino que unas eran devueltas allí mismo de donde habían partido, otras eran lanzadas con gran peligro suyo hacia la parte inferior de la isla la cual esta más cerca del ocaso del sol. Como estas sin embargo con las anclas echadas fueran llenadas de agua, conducidas necesariamente en una noche adversa hacia alta mar buscaron el continente.

[29] Esa misma noche sucede que había luna llena, el cual día acostumbró a producir en el océano las máximas mareas marítimas y esto era desconocido para los nuestros. La marea llenaba las grandes naves en un momento así, con las que César se había preocupado de que el ejercito sería transportado, las cuales César había llevado a lo seco, y la tormenta azotaba a los cargueros que habían sido atacados junto a las anclas, y no era dada a los nuestros ninguna posibilidad o de administrar o de ayudar. Rotas muchísimas naves, al estar las demás inútiles por las cuerdas para navegar, perdidas las anclas y demás armamento, gran perturbación de todos el ejército fue hecha, lo cual era necesario que ocurriera. Ni en efecto las naves eran otras con las que pudieran volver a ser llevados, y faltaban todas las cosas que servían de uso para reparar las naves, y porque constaba a todos que era oportuno invernar en la Galia, el trigo no había sido provisto para el invierno en estos lugares.

[30] Conocidas estas cosas, los príncipes de Britania, que tras el combate junto a César se habían reunido, habiendo hablado entre ellos, al comprender que faltaba a los romanos los jinetes, naves y trigo y al conocer la escasez de soldados por el tamaño del campamento, el cual era éste también más pequeño porque César había llevado sus legiones sin impedimentos, decidieron que lo mejor de hacer era, hecha la rebelión, alejar a los nuestros del trigo y del aprovisionamiento y provocar la cosa para el invierno porque, superados estos o encerrados en la vuelta, confiaban que nadie después atravesaría a Britania para llevar la guerra. Así pues, hecha la conjura de nuevo, comienzan a salir poco a poco del campamento y a sacar a los suyos abiertamente de los campos.

[31] Pero César, aunque todavía no había conocido las decisiones de estos, sin embargo sospechaba que esto que ocurre sería a partir de la salida de sus naves y de aquello porque habían decidido dar rehenes. Así pues, preparaba la defensa para todos los casos. Pues recogía trigo desde los campos diariamente hacia el campamento y se servía para terminar las demás de la materia y bronce de estas naves que habían sido afectadas muy gravemente y ordenaba que fueran llevadas desde el continente las que servían de uso para estas cosas. Así pues, como fuera administrado con sumo cuidado por los soldados, dejadas las restantes naves, consiguió que pudiera ser navegado cómodamente. Así pues, como fuera administrada con sumo cuidado por los soldados, dejadas las restantes doce naves, consiguió que pudiera ser navegado bastante cómodamente.

[32] Mientras estas cosas son hechas, enviada una legión según su costumbre a forrajear, la cual era llamada séptima y no colocada alguna sospecha de guerra para este momento, al permanecer una parte de los hombres en los campos, al distinguirse también otra parte al campamento, estos que estaban en la guardia delante de las puertas del campamento, anunciaron a César que se veía una mayor polvareda de lo que llevaba la costumbre en esta dirección, hacia la cual parte la legión había hecho el camino, porque había sospechado que algo de nueva decisión había sido comenzado por los bárbaros. César, porque había sospechado que alguna nueva decisión había sido iniciada por los bárbaros, ordenó que las cohortes que estaban en la estación marcharan con él hacia esta parte, que dos de las demás se acercaran a la estación, que las demás fueran armadas, y ellos la siguieron al punto. Al haber avanzado un poco más largamente desde el campamento, advierte que los suyos son agobiados por el enemigo y que aguantan dificultosamente y que, dispuesta la legión, las flechas son lanzadas desde todas partes...

[33] Esta es la clase de lucha desde los carros. En primer lugar se pasean por todas partes a caballo y lanzan flechas y con el mismo temor de los caballos y el ruido de las ruedas perturban las filas sobre todo, y cuando se insinuaron entre los grupos de jinetes, desmontan de los carros y pelean a pie. Los aurigas, mientras tanto, se retiran del campo de batalla poco a poco y colocan los carros de tal manera que, si son dominados por una multitud de enemigos, tengan libre la salida para algunos. Así predomina en los combates la movilidad de los jinetes y la estabilidad de los infantes y con el uso cotidiano y el ejercicio tanto consiguen que se han acostumbrado a aguantar a unos caballos nerviosos en un lugar inclinado y caído, a ser moderados en breve tiempo y doblar y a correr por el timón y a aguantar en el yugo y a retirarse muy rápidamente desde allí hacia la carrera.

[34] Perturbadas estas cosas, César llevó la ayuda a los nuestros en un momento muy oportuno con la novedad de la lucha, pues con la llegada de él, los enemigos se plantaron, los nuestros se retiraron del miedo. Hecho esto, habiendo pensado que el tiempo era ajeno para herir al enemigo y para comenzar la batalla, se contuvo en su lugar, interpuesto un breve tiempo, condujo las legiones al campamento. Mientras son hechas estas cosas, ocupados todos los nuestros, los demás que estaban en los campos se marcharon. Durante muchísimos días seguidos, siguieron tempestades las cuales mantenían a los nuestros en el campamento y alejaban al enemigo de la lucha. Entre tanto los bárbaros enviaron mensajeros a todas partes y predicaron a los suyos la escasez de nuestros soldados y demostraron cuánta capacidad de hacer botín y de liberarse para siempre sería dada si hubieran expulsado a los nuestros del campamento. Vinieron al campamento rápidamente, por estas cosas, reunida una gran multitud de infantería y caballería.

[35] César, aunque veía que sería lo mismo que había sucedido en días anteriores, es decir,que si hubieran sido golpeados los enemigos, huirían del peligro con rapidez, habiendo obtenido sin embargo 30 jinetes casi que había transportado consigo el Atrebate Commio, del cual se habló antes, colocó las legiones en orden de batalla delante del campamento. Comenzado el combate, los enemigos no pudieron soportar el ataque de nuestros soldados durante mucho tiempo y volvieron la espalda. Habiendo seguido a tan gran distancia a éstos, cuanto pudieron hacer con la carrera y con las fuerzas, muchísimos de ellos murieron; después, incendiados todos los edificios larga y anchamente, se retiraron hacia el campamento.

[36] En el mismo día, los legados enviados por los enemigos vinieron a César por la paz. César a estos les duplicó el número de rehenes que antes había exigido, y ordenó que ellos fuesen llevados al continente, porque no pensaba que la navegación tuviera que ser sometida por el invierno en débiles naves en el día cercano del equinoccio. Él mismo, habiendo alcanzado un tiempo idóneo, poco después de media noche alcanzó las naves, las cuales llegaron todas sanas y salvas al continente; pero de estas dos naves de carga llegaron a los últimos puertos que los demás no pudieron tomar y poco después fueron destruidas.

[37] Al haber desembarcado de estas naves casi trescientos soldados y al avanzar hacia el campamento, los Morinos, a los que César marchando a Bretaña había dejado pacificados, llevados por la esperanza de botín, en principio los rodearon no así con gran número de los suyos y, si quisieran que ellos mismo fueran matados, ordenaron deponer las armas. Al defenderse aquellos, hecho el círculo, rápidamente, al grito vinieron casi 6.000 hombres; anunciada esta cosa, César envió a toda la caballería desde el campamento para ayuda de los suyos. Entretanto nuestros soldados aguantaron el ataque de los enemigos y lucharon muy valientemente más que cuatro horas y, recibidas pocas heridas, mataron a la mayor cantidad de ellos. Pero después de que nuestra caballería vino a la vista, los enemigos, tiradas las armas, volvieron las espaldas y un gran número de ellos fue muerto.

[38] Al día siguiente César envió con estas legiones que había traído de Britania al legado Tito Labiero hacia los morinos que habían hecho la rebelión. Como éstos por la sequía de los pantanos no tuvieran donde se refugiaran del cual refugio se habían servido el año anterior, todos casi vinieron al poder de Labiero. Pero los legados Titurio y Cota, que habían llevado a las legiones hacia las fronteras de los Menapios, se retiraron junto a César, devastados todos los campos de ellos, segado el trigo, incendiados los edificios, porque los menapios se habían dirigido todos hacia bosques muy densos. César construyó el campamento de todas las legiones entre los belgas. Allí solamente dos ciudades enviaron rehenes desde Britania, los demás se negaron. Llevadas estas cosas, la súplica de veinte días fue decretada por el senado por una carta de César.