De Bello Gallico III


[1] Como César marchara hacia Italia, envió a Servio Galba con la legión doce y parte de la caballería hacia los Nuntiatos, Veragros y Sedunos,quienes se extienden desde las fronteras de los Alobroges y el lago Lemano y el río Ródano hacia las cimas de los Alpes. La causa de enviarlo fue porque quería que fuera abierto por los Alpes el camino por el que se habían acostumbrado a ir con gran peligro y grandes mercancías los mercaderes. A este permitió si pensara haber necesidad, que colocara la legión en estos lugares para invernar. Galba, hechos algunos combates favorables y conquistadas muchas ciudades de ellos, enviados hacia él de todas partes los legados y dados los rehenes y hecha la paz, decidió colocar dos cohortes en los Nuntiatos y él mismo invernar con las demás cohortes de su legión en la aldea de los Veragros, que es llamada Octoduro. Esta aldea,colocada en el valle, no alcanzaba la gran planicie, es contenido por altísmos montes por todas partes. Al ser dividido este a dos partes por el río, una parte de esa aldea se les concedió a los Galos para invernar, otra parte vacía abandonada por estos se les atribuye a las cohortes: Fortificó este lugar con un vallado y una fosa.

[2] Al haber pasado muchos días de cuartel de invierno y al haber ordenado que el grano fuera llevado allí, repentinamente fue hecho más seguro por los exploradores de que todos se habían marchado por la noche desde esa parte de la aldea, que había concedido a los Galos, y de que los montes que amenazaban eran tenidos por la máxima multitud de Sedunos y Veragros. Esto había sucedido por algunas causas, es decir, que de repente los galos cogieran el plan de renovar la guerra y de oprimir la legión: primero, porque despreciaban a causa de la escasez a la legión y no esta muy llena, apartadas las dos cohortes y estando ausentes muchisimos uno por uno, que habían sido enviados para pedir aprovisionamiento; entonces también, porque a causa de la aspereza del terreno ni siquiera consideraban que su primera embestida podia ser sostenida, al precipitar y disparar ellos mismos las flechas desde las montañas al valle. Sucedia el hecho de que se quejaban de que sus hijos habían sido arrebatados por ellos en calidad de rehenes de guerra.

[3] Recibidos estos mensajes, Galba, al no haber sido acabado completamente el trabajo del campamento de invierno ni las defensas ni al haber sido provisto de trigo y restante comida suficientemente porque, había creído que nada debería ser temido de la guerra, hecha la rendición y recibidos los rehenes, convocado rápidamente el consejo, comienza a buscar opiniones. Al haber sucedido tanto peligro repentino excepto la opinión y ahora al ver que casi todos los lugares superiores han sido completados por la multitud de armados y al no poder ser venido para la ayuda ni poder ser soportado el alimento, cerrados los caminos, en este consejo ya casi perdida la salud, algunas opiniones de este tipo eran dichas que, dejados los impedimentos, hecha la salida, por los mismos caminos por los cuales allí habían llegado marcharan hacia la salvación. Sin embargo gustó a la mayor parte, reservado este consejo hacia el extremo caso, esperar el suceso de la cosa entretanto y defender el campamento.

[4]...

[5] Al ser luchado en ese momento más ampliamente que 6 horas continuamente y al faltar a los nuestros no solo las fuerzas sino también los dardos, y al estar los enemigos más agudamente y al empezar con los nuestros más débiles a destruir el vallado y llenar los fosos y al haber sido conducida la cosa ya hacia el caso extremo, P. Sexto Baculo, centurión de la primera fila, el cual dijimos que había sido herido con muchísimas heridas en la batalla Nerica, y del mismo modo C. Voluseno, tribuno de los soldados, hombre de gran consejo y virtud, hacia Galba corren y enseñan que una sola es la esperanza de salvación, si, hecha la salida, levantasen la ayuda extrema. Así pues, convocados los centuriones, rápidamente hace a los militares más seguros de que durante un momento interrumpan la batalla y sacaran de este modo los dardos perdidos y reparasen a partir del trabajo, después, dada la señal, desde el campamento interrumpieran y pusieran toda esperanza de salvación en el valor.

[6] Porque han sido ordenados, lo hacen y, hecha la salida improvisadamente por todas las puertas, no dan a los enemigos ni posibilidad de saber qué sucedía ni de reunirse. Así cambiada la fortuna, a ellos quienes habían venido hacia la esperanza de capturar el campamento de todas partes los interceptan rodeados,y de 30.000 hombres más ampliamente, el cual número de bárbaros constaba que había venido hacia el campamento, asesinada más una tercera parte, a los restantes aterrados hacia la fuga los empujan y ni siquiera les permiten situarse en los lugares más altos. De este modo extendidas todas las tropas de los enemigos y decubiertas las armas, se retiran dentro de sus fortificaciones. Hecho este combate, porque Galba no quería intentar fortuna más a menudo y recordaba que él había venido con otro consejo hacia el campamento, veía que él había corrido con otras cosas, sobre todo movido por la escasez de trigo y aprovisionamiento, al día siguiente incendiados todos los edificios de esta aldea, intentó volverse a la provinvia y, prohibiendo ningún enemigo o retrasando el camino, condujo a la legión ilesa hacia los Nuntiatos, desde allí hacia los Alobroges y allí invernó.

[7] Llevadas estas cosas, al juzgar César la Galia pacificada por todas las causas, superados los Belgas, expulsados los Germanos, vencidos los Sedunos en los Alpes, y al haber marchado hacia Ilyrico, así comenzado el invierno, porque quería visitar esas naciones y conocer también las regiones, una repentina guerra en la Galia surgió. Esta fue la causa de esta guerra. El adolescente P. Crasso invernaba con la legión siete muy cercano al mar océano en los Andes. Él, porque en estos lugares había escasez de trigo, envió a muchos prefectos y tribunos de los soldados hacia las ciudades vecinas por la causa del trigo; en este número T. Terrasidio fue enviado hacia los Esuvios, M. Trebus Gallo hacia los Corrisolites, Q. Velanio con T. Silio hacia los Venetos.

[8] Por estos es hecho el inicio de retener a Silio y Velanio porque consideraban que a través de estos recuperarían a sus rehenes los cuales habían entregado a Craso. Los vecinos llevados por la autoridad de estos como los consejos de los Galos son súbitos y repentinos, retienen sobre la misma causa a Trebio y Terrasidio y rápidamente enviados los legados por los suyos, los príncipes entre si no juran nada y solicitan a las ciudades restantes que quieran más permanecer en esa libertad que recibieron de los antepasados que soportar la esclavitud de los romanos. Conducida rápidamente toda la región marítima hacia su opinión, envían hacia P.Crasso la embajada común, si quiere recuperar a los suyos, que reenviara a los rehenes a él.

[9] César, hecho más seguro por Craso de estas cosas, porque él mismo estaba ausente más largamente, ordena que las naves largas sean construidas entre tanto en el río Liger, el cual fluye hacia el océano, ordena que los remeros sean colocados en la provincia, que los marineros y timoneres sean preparados. Administradas estas cosas, él mismo, tan pronto como él puede por el tiempo del año, avanzó hacia el ejército. Los venetos y las demás ciudades del mismo modo, conocida la llegada del César, hechas más ciertas, comprendían al mismo tiempo cuánto crimen habían enviado hacia ellos, deciden que los legados porque el nombre siempre había sido santo e inviolado por todas las naciones, retenidos por ellos y llevados en las cadenas, prepararan la guerra por la enormidad del peligro y proveyesen sobre todo a esas cosas que son adecuadas para el uso de las naves con esta mayor esperanza de que confiaban mucho en la naturaleza del lugar. Sabían que los caminos pedestres habían sido cerrados por los estuarios, que la navegación había sido impedida por el desconocimiento de los,lugares y por la escasez de puertos y confiaban en que nuestros ejércitos pudieran por la escasez de trigo retrasarse más tiempo junto a ellos... Iniciadas estas decisiones, construyen fortificaciones, llevan trigo desde los campos hacia las ciudades, reunen las naves las máximas posibles junto a Venecia, en donde constaba que Cesar había de llevar en primer lugar la guerra. Toman como socios para ellos para esta guerra a los osismos, lexovios, namnetes, ambiliatos, morinos, diablentes, menapios; llegan tropas auxiliares desde Britania, la cual está colocada contra estas regiones.

[10] Estas dificultades eran de llevar la guerra, a las cuales mostramos más allá, pero sin embargo muchas cosas lanzaban a César hacia esta guerra: la injusticia de los jinetes romanos retenidos, la rebelión hecha después de la traición, la rebelión a los rehenes dados, la conjura de tantos pueblos, en primer lugar que, descuidada esta parte, el resto de naciones juraran que lo mismo sea licito para ellos. Así pues al comprender que casi todos los Galos se dedican a las cosas nuevas y hacia la guerra móvil y rápidamente son excitados, sin embargo que todos los hombres se dedican a la libertad por naturaleza y odian la condición de la esclavitud, antes de que muchas ciudades conspirasen, pensó que el ejército se había dirigido hacia él y había sido entregado más anchamente a los dioses.

[11] Así pues envía al legado T. Labieno hacia los Treveros, quienes están muy cercanos al río Reno, con la caballería. A este manda, se dirija a los otros Renos y Belgas y conserve en el oficio y prohíba a los Germanos, quienes se decía que habían sido llamados para el auxilio por el valor a atravesar el río con las naves.
P. Craso con las cohortes XII legionarias y el gran número de caballería manda que avance hacia Aquitania, para que las tropas auxiliares no sean enviadas a Galia desde estas naciones y sean unidas tantas regiones. Al legado Q. Titurio Sabino envía con las tres legiones hacia los Venellos, Corosiolitos y Lexovios, el cual se preocupe por que esta tropa vaya a ser preparada. Pone al frente al joven D. Bruto al frente de la flota y de las naves gálicas, a las cuales había mandado que acudieran desde Pictoniso Santones y las demás regiones pacificadas, y tan pronto como pueda, manda avanzar hacia los Venellos. Él mismo se dirigió hacia allí con las infanterías y con las tropas.

[12] Los lugares de las fortalezas eran casi de tal modo que puestos en las últimas lenguas de tierra y promontorios no tenían acceso ni con los pies, al haber incitado a ellos desde lo alto la marea, porque cae siempre dos veces en el espacio de 12 horas, ni con las naves, porque las naves eran golpeadas en vados, de nuevo amainando la marea. Así, era impedida desde ambas partes el ataque de las ciudades. Y, sí empujado el montículo al mar y niveladas moles y estas murallas de la ciudad, superados en algún momento casualmente por la grandeza del trabajo, habían empezado a desesperar de su suerte, empujado un gran número de naves, de cuyo asunto tenían la más alta facultad, todas sus cosas llevaban y se retiraban hacia las fortalezas próximas. Allí de nuevo se defendían con las mismas ventajas del lugar. Hacían más fácilmente estas cosas durante gran parte del verano por esto, porque nuestras naves eran detenidas por las tempestades y grandísima era la dificultad de navegar por el vasto y abierto mar, por los grandes veranos y por los puertos raros y casi nulos.

[13] Así pues las naves de ellos mismos habían sido hechas y equipadas a este modo. Las quillas son bastante más planas que las de nuestras naves, para que las mareas puedan ser más facilmente sacar los vados y la partida. Las proas así como las popas habían sido puestas derechas perfectamente, habían sido adecuadas a la grandeza de las olas y tempestades; todas las naves habían sido hechas de roble para soportar determinada fuerza y peligro. Los travesaños eran de vigas de un pie de dimensión a la altura, clavadas con clavos férreos con un grosor de un dedo pulgar, las anclas habían sido atadas con cadenas férreasen lugar de cuerdas, las pieles en vez de velas y las pieles de cuero habían sido preparadas delicadamente, ya sean estas por escasez de lino y por la ignorancia de ellos del empleo, o sea por esto, lo cual es más parecido de la verdad, porque creían que no podían ser sometidas tantas tempestades del Oceano y tantos ataques de los vientos y tantas cargas de las naves no podían ser llevadas lo bastante hábilmente. Se había reunido a nuestra flota con estas naves de tal modo que procuraba con la velocidad e impulso de los remos, por la restante naturaleza del lugar y la fuerza de las tempestades eran más actas y más adecuadas para aquellas. Ni en verdad las nuestras podían dañar con el espolón a ellos (tanta solidez había en estos) ni por la altura era empujada fácilmente la lanza y por la misma razón eran conservados convenientemente a las cadenas. Sucedía que, al haber empezado a enfurecerse el viento y al haberse entregado al viento, soportaban más fácilmente a la tempestad y se colocaban en vados más prudentemente y abandonadas (las naves) por el calor nada temían las rocas y los arrecifes. De todas estas cosas el azar había de ser temido por nuestras naves .

[14] Conquistadas muchísimas ciudades, César, cuando advirtió que en vano ni tanto trabajo podía ser tomado ni que la fuga de los enemigos, capturadas las ciudades, podía ser rechazada ni que podía ser dañado con éstas, estableció que tenía que ser esperada la flota. Cuando se reúne esta y fue vista por primera vez por los enemigos, se colocaron casi doscientas veinte naves, las más preparadas de estas, y con todo tipo de armas muy equipadas, habiendo partido desde el puerto, se colocaron contrarias a las nuestras; ni suficientemente constaba a Bruto, quien estaba al frente de la flota, o a los tribunos y los centuriones del ejército, a quienes era atribuida una nave a cada uno, qué cosa llevaban y qué razón de guerra la movían. En efecto con el espolón habían conocido que no podían ser dañadas; excitadas en cambio las torres, sin embargo a estas la altitud de la popa superaba desde las naves bárbaras, aunque ni desde un lugar inferior bastante acomodadamente las flechas pudieran ser dirigidas, y las enviadas por los galos, se adelantaran más gravemente. una cosa había sido preparada por los nuestros para un gran uso, las guadañas habían sido afiladas, insertadas y fijadas por pértigas, no desde una forma similar de las máquinas de guerra. Cuando las cuerdas que sujetaban las antenas hacia los mástiles habían sido atadas y llevadas, eran rotas 'por delante, movido el navío con los remos. Las antenas caían inevitablemente por estos desgarros, para que, al ponerse la esperanza con todas las naves galas en las velas y armamento, arrebatadas éstas, todo el uso de las naves fuera sacado en un tiempo. El combate restante había sido colocado en la virtud en la que nuestros soldados superaban fácilmente, y más bien porque era llevada la cosa en la mirada de César y de todo el ejército, para que no pudiera esconder ningún hecho más fuerte paulatinamente; en efecto todas las colinas y lugares superiores de donde había una perspectiva cercana hacia el mar, eran tenidas por el ejército.

[15] Atadas las antenas como dijimos, cuando las naves de dos en dos y de tres en tres habían rodeado a cada una, los soldados luchaban por subir a las naves de los enemigos con la más alta fuerza. Después que los bárbaros advirtieron que eso era hecho, eliminadas muchas naves, al no ser encontrado ningún auxilio para esta cosa, se lanzaron a buscar la salvación en la fuga. Y ya vueltas a esta parte las naves hacia donde llevaba el viento, de repente se originó tanta calma y tranquilidad que no podían moverse del lugar. Esta cosa sirvió sin duda para hacer negocio de máxima oportunidad: pues las nuestras vencieron habiendo perseguido a cada una, para que llegaran muy pocas del número total con la llegada de la noches súbitamente a tierra, al lucharse sin interrupción casi desde la 4 hora hasta el ocaso del sol.

[16] Con este combate la guerra de los venetos y toda la orilla marítima fue terminada. Pues cuando toda la juventud y también todos de edad más grave en los que algo de consejo y dignidad hubo allí se habían reunido, entonces habían reunido a un solo lugar lo que de naves había estado allí. Perdidas çestas, los restantes no tenían hacia dónde se retiraban ni cómo defendían la ciudad. Así pues se entregaron a ellos y a todas sus cosas a César. Hacia estos allí César decidió que tenía que ser reclamado más gravemente para que más rápidamente hacia el resto del tiempo el derecho de los legados fuera conservado por los bárbaros. Así pues, asesinado todo el senado, vendió a los demás bajo la corona.

[17] Mientras que estas cosas son sucedidas en los Vénetos, Q. Titerio Sabino marcha hacia las fronteras de los Vénetos con estas tropas que había recibido de César. Viridovix dirigía a estos y tenía el extremo de este imperio de todas estas ciudades las cuales había derrotado de las que había exigido el ejército y grandes tropas; y en unos pocos días los Auterci, Eburovices y Lexoviquos cerraron las puertas, asesinado su senado porque no querían ser los causantes de la guerra, y se unieron con Viridovice; Esta gran multitud se había reunido además por todos lados desde la Galia de hombres perdidos y ladrones, a los que animaba el desde el cultivo del campo y trabajo cotidiano la esperanza de robar y el deseo de luchar. Sabino se tenía a sí mismo en el campamento en un lugar idónea para todas las cosas, como Viridovix hubiera acampado frente a él en un espacio de dos mil pies y, llevadas tropas diariamente, hiciera intento de luchar, para que no solo viniera ya Sabino a desprecio de los enemigos, sino también fuera tomado algo con las voces de nuestros soldados; presentó la opinión tan grande del miedo que los enemigos ya se atrevía a acercarse hacia la valla del campamento. Esto hacia desde esta causa porque con tanta multitud de enemigos no consideraba que tenía que ser luchado por el legado, estando ausente sobre todo este que tenía lo más alto del poder, a no ser con un lugar igual o con alguna oportunidad dada.

[18] Confirmada esta opinión de temor, elige a cierto hombre idóneo y astuto, a un galo, de aquellos a los que tenía consigo para ayuda. Convence a éste con grandes ventajas y promesas de que vaya a los enemigos, y muestre que cosa quiere que sea hecha. Cuando éste viene por la huida junto a ellos propone el temor de los romanos, enseña con qué angustias el mismo César es oprimido por los vénetos. Cuando esto fue escuchado, todos gritan que no ha de perderse la ocasión de hacer bien el negocio: que era oportuno ir al campamento. Muchas cosas animaban a los galos a esta deliberación: la duda de Sabino de los días superiores, la confirmación de la huida, la pobreza de los alimentos, para la cual cosa poco diligentemente había sido previsto por aquéllos, la esperanza de la guerra Venética y porque los hombres creen casi de buen grado aquello que quieren. Llevados por estas cosas, envían a Viridovix y a los demás generales desde el concilio no antes de que haya sido concedido por éstos que cojan las armas y las lleven al campamento. Concedida esta cosa, alegres como ha sido explorada la victoria, reunidos los sarmientos y las estacas con los que llenen las fosas de los romanos, se dirigen hacia el campamento.

[19] El lugar del campamento era elevado y paulatinamente inclinado alrededor de 1000 pasos. Aquí con gran carrera lucharon para que fuera dado el mínimo espacio posible para reunirse y armarse a los romanos, y llegaron cansados. Sabino, habiendo animado a los suyos, da la señal a los que desean. Impedidos los enemigos por causa de estos pesos que llevaban, de repente por dos puertas ordena que la salida sea hecha . Ha sido hecho por la oportunidad del lugar, por el desconocimiento y la fatiga de los enemigos, por la virtud de los militares y por la experiencia de las luchas de los superiores, para que ni siquiera soportaran un ataque de los nuestros y al instante volvieran sus espaldas. Nuestros soldados, habiendo seguido a estos impedidos con sus fuerzas integras, mataron a un gran número de estos; los jinetes, habiendo seguido a los restantes, dejaron a unos pocos los cuales habían escapado desde la fuga. Así en un solo momento Sabino de la lucha naval y César de la victoria de Sabino ha sido hecho más cierto, y todas las ciudades se entregaron rápidamente a Titurio. Pues como el alma de los Galos es veloz e inclinado para soportar la guerra, así la mente de estos es blanda y no resistente para soportar las calamidades.

[20] Casi al mismo tiempo, P. Craso, como hubiera llegado a Aquitania la cual parte, como antes fue dicho, ha de ser considerada la tercera parte de la Galia por la anchura de sus regiones y por la multitud de hombres, como conociera que la guerra tenía que ser llevada por él en estos lugares, en donde pocos años antes el legado L.Valerio Praeconino, golpeado su ejército, había sido asesinado y de donde el procónsul L. Manlio había huido, perdidos los bagajes, comprendía que una diligencia mediocre no tenía que ser aplicada por él. Así pues provisto el abastecimiento, preparadas las tropas auxiliares y la caballería, convocado de estas regiones nombre a nombre, además muchos hombres fuertes en Tolosa, Carcasona y Narbona las cuáles son provincias limítrofes de la Galia, llevó a su ejército hacia las fronteras de los sociates. Conocida la llegada de éste, los sociates, habiendo atacado nuestro ejército en el camino con grandes tropas reunidas y con la caballería con la que eran muy fuertes, comenzaron primero un combate ecuestre, después, golpeada su caballería y perseguidos los nuestros, mostraron de pronto las tropas pedestres que habían colocado en el valle en embocadas. Éstos, habiendo atacado a los nuestros, dispersos renovaron el combate.

[21] De día se luchó duramente, como los Sociates, animados por las victorias anteriores, pensaran que la salvación de toda la Aquitania había sido puesta en su valor, en cambio, al desear los nuestros saber que pueden hacer sin general y sin demás legiones, siendo el general joven; finalmente los enemigos cansados por las heridas volvieron la espalda. Matado un gran número de estos, Craso comenzó a conquistar la ciudad de los Sociates a la marcha. Resistiendo valientemente estos, llevó galerías y torres. Aquellos, intentada la salida en una ocasión, realizada en otro momento galerías bajo tierra hacia el montículo y las galerías (de este asunto son de lejos muy expertos los aquitanos porque en muchos lugares junto a estos hay minas de bronce y canteras), cuando comprendieron que nada podía ser hecho en estas cosas por la diligencia de los nuestros, envían legados a Craso y piden que se reciba a la rendición.

[22] Intentada esta cosa, obligados a que ellos traigan las armas lo hacen. Y para esta cosa de todos nosotros con los ánimos atentos desde una parte de la ciudad Adiatuno, el que tenía la parte más importante del ejército, con 600 devotos, a los que aquellos llaman fanáticos, cuya condición es esta, es decir que disfrutan juntamente con ellos de todas las comodidades obligatoriamente, a cuyas amistades se entregaron, si algo hiere a estos por la fuerza, o soportan a la vez la misma suerte o conocen la muerte para sí; ni hasta ahora en la memoria de los hombres alguien fue encontrado que rechazara la muerte, asesinado aquel a cuya amistad se hubiera dedicado--- con estos Adiatuno habiendo intentado hacer una salida, llevado un clamor desde esta parte de la fortaleza como hubieran salido corriendo los militares hacia las armas y ferozmente allí se hubiera luchado, rechazado hacia la fortaleza consiguió sin embargo de Craso que se sirviera de la misma condición de rendición.

[23] Aceptadas las armas y los rehenes, Craso marchó hacia las fronteras de los vocaces y los tarusaces. Entonces verdaderamente los bárbaros conmovidos porque habían sabido que la ciudad, construida por la naturaleza y por la mano, había sido conquistada en unos pocos días desde que había llegado, allí comenzaron a enviar recíprocamente legados también a jurar, a dar rehenes entre sí y a preparar las tropas. Aún son enviados legados a estas ciudades que son de la Hipania citerior limítrofes a Aquitania: desde allí las tropas y los generales son contenidos. Con la llegada de éstos intentan hacer la guerra con gran autoridad y gran multitud de hombres. Pero son elegidos generales aquellos que habían que habían estado todos los años juntamente con Sertorio y se consideraba que ellos tenían el sumo conocimiento de la milicia. Éstos deciden según la costumbre romana coger el lugar, construir el campamento, encerrara los nuestros con las provisiones. Cuando Craso advirtió esto que sus tropas eran divididas por la escasez, que el enemigo vagaba y bloqueaba los caminos y dejaba en el campamento bastante defensa, que por esta causa menos cómodamente les era llevado el trigo y las provisiones, que el número de enemigos era aumentado cada día pensó que no tenía que retrasarse que luchara en la lucha. Llevado este asunto al consejo en donde comprendió que todos sentían lo mismo, decidió el último día de lucha.

[24] Con la primera luz, llevadas todas las tropas, colocada una doble hilera, conectadas las tropas auxiliares hacia la mitad de la hilera, aguardaba qué decisión tomaban los enemigos. Aunque por la multitud y la antigua gloria de la guerra y la escasez de los nuestros consideraban que ellos tenían que luchar en seguro, sin embargo aquellos pensaban que, cortados los caminos, intervenida la provisión, era más seguro apoderarse de la victoria sin herida y si los romanos hubieran empezado a retirarse por la escasez de trigo pensaban atacarlos impedidos en el ejército y bajo las cargas con un ánimo más débil. Tomada esta decisión por los generales, llevadas las tropas de los romanos, se tenían en el campamento. Observada esta cosa, Craso como por su retraso y su opinión de temor los enemigos hubieran hecho a nuestros soldados más deseosos para luchar y como fueran escuchadas las voces de todos, que no era oportuno esperar más para que fuera al campamento habiendo exhortado a los suyos deseándolo todos avanzó hacia el campamento de los enemigos

[25] Allí como unos llenaran las fosas, otros rechazaran a los defensores del vallado y la fortificación, reunidas muchas flechas, y como los auxiliares para los que Craso confiaba no mucho para la lucha, suministrando piedras y flechas y llevando césped al montículo ofrecieran una apariencia y una opinión de los que luchan, como del mismo modo por los enemigos fuera luchado constante y no tímidamente y como no en vano cayeran las flechas enviadas desde un lugar superior, rodeado el campamento de los enemigos, los jinetes anunciaron a Craso que el campamento había sido construido no con la misma diligencia desde la puerta decumana y que tenían un fácil acceso.

[26] Craso, habiendo animado a los prefectos de los jinetes para que animaran a los suyos con grandes premios y promesas, muestra qué cosa quiere que sea hecha. Aquellos, como había sido ordenado, sacadas estas cohortes que para la defensa del campamento habían sido dejadas y por el trabajo agotados, y rodeadas por un largo camino, para que no pudieran ser vistas desde el campamento de los enemigos, estando atentos los ojos de todos y las mentes para la lucha, rápidamente hacia estas fortificaciones que dijimos llegaron y, lanzados estos, en el campamento de los enemigos se establecieron antes que pudiera ser visto o reconocido por estos qué cosa era llevada. Entonces verdaderamente, escuchado el clamor desde esta parte, los nuestros, recuperadas las fuerzas porque generalmente se acostumbró a confiarse en la esperanza de la victoria, comenzaron a atacar más duramente. Los enemigos rodeados por todas partes, perdidas todas las cosas, comenzaron a rendirse por las fortificaciones y a buscar la salvación en la fuga. La caballería, habiendo perseguido a estos en campos muy abiertos, desde un número de 50000 que constaba que se habían reunido desde la Aquitania y los Cántabros, apenas dejada 1/4 parte, se recogió por la mucha noche en el campamento.

[27] Escuchada esta lucha, la máxima parte de Aquitania se rindió a Craso y envió rehenes voluntariamente; en este número estuvieron los Tarbellos, Bigerriones, Ptianii, Vocaces, Tarusaces, Elusates, Gates, Auscos, Garumnos, Sibusates, Cocosates: unas pocas últimas naciones confiadas en el tiempo del año porque era invierno se negaron a hacer esto.

[28]En el mismo momento casi César aunque casi estaba ya terminado el verano, sin embargo, porque, pacificada toda la Galia, los Morinos y los Menapios aguantaban, los cuales estuvieron en armas y no hubieran enviado legados de paz alguna vez hacia él habiendo pensado que esta guerra podía ser terminada rápidamente, condujo allí el ejército; Estos largamente por otra razón y los demás Galos comenzaron a llevar la guerra. Pues porque comprendían que naciones muy grandes, que se hubieran acercado al combate habían sio atacadas y superadas, y porque tenían bosques y pantanos plenos, allí se llevaron a sí mismos y a todas sus cosas.
Como César hubiera llegado al principio de esos bosques y hubiera decidido fortificar el campamento y entre tanto no hubiera sido visto el enemigo, dispersados los nuestros en el trabajo, rápidamente de todas partes del bosque salieron corriendo e hicieron un ataque contra los nuestros. Los nuestros tomaron las armas rápidamente y a ellos hacia el bosque rechazaron y, asesinados muchísimos, habiéndolos perseguido más largamente que los lugares de provisiones, perdieron pocos de los suyos.

[29] A continuación en los días siguientes César decidió talar el bosque y para que algún ataque no pudiera se hecho desde el lado a soldados inermes y desprevenidos, colocaba vuelta hacia el enemigo toda esta madera que había sido talada y por el vallado empujaba hacia ambos lados. Realizada una gran distancia en pocos días con increíble rapidez, como fuera tenido por los nuestros ya el rebaño y las últimas provisiones, como ellos mismos buscasen bosques más densos, han seguido tempestades de tal modo que necesariamente fuera interrumpido el trabajo y los soldados no pudieran ser retenidos más tiempo bajo las tiendas por la continuación de las tormentas. Así pues, devastados todos los campos de éstos, quemadas las aldeas y edificios, César condujo al ejército y lo colocó en el campamento de invierno en los aulercos y lexovios, los cuáles habían hecho la guerra muy cercanamente del mismo modo con las demás ciudades.