Se denomina Conquista de Hispania, al periodo histórico que comprende desde el año 218 a.C, desembarco de los romanos en Ampurias, hasta 200 años después, en el 17 a.C, momento en el que César Augusto culmina la conquista de la Península Ibérica.
  1. Precedentes
  2. La invasión romana a la Iberia cartaginesa (218 a.C. - 197 a. C)
  • Batala de Cissa
  • Batalla del Río Ebro
  • Batalla de Dertosa
  • Rebelión de Sifax (Fuera de Hispania)
  • Batalla del Betis superior
  • Publio Escipión llega a Hispania
  • Batalla de Baecula
  • Hannón el Viejo llega a Hispania
  • Batalla de Ilipa

3. El sometimiento romano de la Península (197 a.C - 17 a.C)
  • Marco Catón el Viejo
  • Expansión por Hispania
  • Guerra Lusitana: Viriato
  • Guerra Numantina: Asedio de Numancia

4. Guerras Cántabras
  • Causas del conflicto y principio del mismo
  • Augusto en Hispania

Progresión de la Conquista romana en Hispania
Progresión de la Conquista romana en Hispania

Precedentes


Después de la I Guerra Púnica, los cartagineses se vieron obligados a firmar la paz con los romanos en el llamado Tratado de Lutacio, cuyos términos eran bastante negativos para Cartago, y entre los cuales se encontraban la evacuación de Sicilia, Cerdeña, Corcega, las Islas Egadas y las islas Eolias, lo cual suponía un duro golpe a los intereses políticos, comerciales y económicos de Cartago.

Fue entonces cuando Amilcar Barca, comandante en jefe del ejercito cartaginés, se lanzó sobre Iberia con el objetivo de recuperar el imperio cartaginés perdido, aprovechar los recursos de dichas tierras (como las minas de oro) y poner una base militar en territorio europeo para luchar contra Roma, ya que Cartago no disponía ya de una flota propia, perdida después de la I Guerra Púnica. Pero sobre todo, por los buenos mercenarios habitantes de esas tierras.

Con Amilcar muerto tras una batalla con los rebeldes iberos, Asdrúbal el Bello, yerno de Amílcar, sucedió al Barca en la jefatura del ejército cartaginés, pues los hijos de Amílcar aún eran demasiado jóvenes. Los cartagineses finalmente sometieron al sur y sureste de la península, además de firmar con Roma un tratado en el que se dividía Hispania en dos partes poniendo al río Ebro como frontera: Los cartagineses no podían atravesar el río dirección al norte y los romanos debían hacer lo propio no traspasando el Ebro hacia el sur.

Fue entonces cuando Asdrúbal fundó la nueva capital cartaginesa en Iberia: Qart Hadast (Carthago Nova para los romanos y actual Cartagena) que se convirtió en la base militar de Cartago en la península. Poco después el comandante murió asesinado por el esclavo del rey celta Tago, vengando así la muerte de su señor. A la muerte de Asdrúbal, Aníbal, hijo de Amílcar Barca se convirtió en su líder.

En el año 218 a.C, el general cartaginés Aníbal Barca, con la intención de comenzar la venganza cartaginesa sobre Roma que desde pequeño tuvo en mente y aprovechando el conflicto entre saguntinos y los habitantes de Turbula, aliada de Cartago, hizo la causa turbolitana como suya y sitió Sagunto en el 219 a.C. Tras ocho meses de sitio, las tropas cartaginesas conquistaron la ciudad, la cual no había recibido ayuda de Roma, que se encontraba en ese momento combatiendo a las rebeladas tribus de Iliria, menospreciando así a los cartagineses y Aníbal.

Después de la invasión de Sagunto, Aníbal prosiguió su marcha al norte, conquistando a las tribus iberas con las que se cruzaba pero sin atacar a las ciudades griegas que encontraba a su paso. Después atravesó los Alpes y entró en la Galia, preparándose para la gran hazaña por la que se le recuerda tantos años después: cruzar los Alpes, derrotar vez tras vez a los romanos y conquistar el norte de Italia sin apenas refuerzos, pero esa es otra historia, y a partir de aquí se cuenta lo que aconteció en Hispania una vez que comenzó la II Guerra Púnica, hasta el dominio casi total de Roma sobre la Península Ibérica.

Invasión romana y guerra con Cartago (218 a.C. - 197 a.C)


La primera parte de la conquista romana de Hispania consistió en derrotar y expulsar de a los cartagineses que se habían asentado en dichas tierras en años anteriores.

Tras encender Aníbal la mecha de la II Guerra Púnica, Roma envió a los hermanos Cornelio Escipión (Cneo y Publio) a Hispania. Ambos, junto con sus ejércitos, desembarcaron en Ampurias (en la actual provincia de Gerona) en el 218 a.C.

En el siguiente video de artehistoria.com, se explica cómo se organizaba el ejército romano durante la Conquista de Hispania





Batalla de Cissa


Los romanos comenzaron a ganarse el favor de algunas tribus iberas al norte, y Asdrúbal Barca, al enterarse de aquello, no dudo en ir hacia el norte con 8000 soldados.

La primera batalla entre los cartagineses y los enviados romanos se produjo cerca de la ciudad cartaginesa de Cissa, a su vez cerca de Tarraco. Cneo Escipión derrotó a las tropas de Hannon Barca, el cual, viendo como Cartago perdía poder en las tierras recién conquistadas, no dudo en poner batalla a los romanos. Hannon se enfrentó a Cneo Escipión y perdió con relativa facilidad, pues las tropas romanas doblaban en número a las cartaginesas. Los romanos también atacaron el campamento cartaginés, llevandose las pertenencias que Anibal dejó antes de cruzar los Pirineos y capturando a Indíbil, un lider ibero que más tarde les causaría problemas.

Fue entonces cuando llegó Adrúbal y sus soldados, que aunque no vencieron a los romanos, lograron dispersarlos. Cneo y sus tropas retornaron a su base en Tarraco, y Asdrúbal y los suyos volvieron a Cartagena.

Las consecuencias de la batalla fueron importantes, ya que con la derrota de los cartagineses en el norte, Aníbal había perdido su conexión con la Hispania de los Barca, y en su lugar tenía campamentos romanos. Por lo tanto, Anibal ya no recibiría recursos desde el norte de Iberia, y tampoco apoyo militar.

Batalla del Río Ebro


La batalla del Río Ebro se produjo en el año 217 a.C. y en las desembocaduras de ese mismo río. Se trató de una batalla naval que enfrentó a 55 naves al mando de Cneo Escipión y 40 quinquerremes (naves de guerra dirigidas por cinco filas de remos) por parte del general Himilcón.

Tras vencer en Cissa, Cneo Escipión consolidó el dominio romano al norte del Ebro y hacía pequeñas incursiones en la zona cartaginesa, partiendo desde la base romana en Tarraco. Sin embargo, Asdrúbal había aumentado sus tropas en Hispania con levas de iberos, mientras que Cneo no había recibido refuerzos desde Roma. A eso se le sumó el aumento de naves por parte de los cartagineses, que sumaron 10 más a las que ya poseían, para las cuales tuvo que entrenar a nuevas tripulaciones para los barcos.

Con este aumento de tropas, Asdrúbal decidió hacer una expedición por tierra y mar a la zona romana. El ejército terrestre estaba dirigido por él mismo, mientras que la flota estaba comandada por Himilcón.

Cneo Escipión, temiendo que los cartagineses superaran a sus hombres en número, decidió enfrentarse a éstos en una batalla naval, donde a las 35 naves que tenía disponibles en ese momento, se le sumaron 20 de la ciudad griega y aliada de Masilia (actual Marsella).

Las naves romanas, tras averiguar la localización de las naves cartaginesas gracias a los barcos de Masilia (que descubrieron dónde estaban los cartagineses sin ser vistos) se lanzaron a atacar a las naves de Himilcón.

La victoria fue total para los romanos, pues aunque los cartagineses en tierra descubrieron que se acercaban las fuerzas de Escipión, los marineros no se habían percatado, por lo que Asdrúbal y sus hombres tuvieron que hacer señales de humo para que se dieran cuenta del peligro. Además, muchos marineros habían bajado a tierra para recoger algo de pasto, por lo que tuvieron que apresurarse para volver a sus naves.

Pero la sorpresa no fue lo único que decantó la balanza a favor de Escipión, pues además, los romanos tenían la superioridad numérica y la experiecia en batalla que muchos de los marineros cartagineses no tenían.

Así pues los romanos atacaban a los cartagineses a medida que salian del río, hundiendo 4 barcos y abordando otros 2. Los navegantes cartagineses perdieron las esperanzas de una victoria y se volvieron a tierra, con lo que Roma se apoderó de otras 23 naves que quedaron abandonadas.

Las consecuencias fueron catastróficas para los cartagineses en Hispania. Ante el ridículo hecho, Asdrúbal fue deshonrado y los turdetanos se rebelaron, lo cual le llevó todo el año 216 a.C. para sofocarlos. Mientras tanto, Cneo Escipión se aseguró que los cartagineses no pudieran interceptar por el mar los suministros romanos, mientras que Roma sí podría atacar las zonas cartaginesas.

Batalla de Dertosa


En el 215 a.C los romanos habían cruzado el río Ebro y habían comenzado el asedio de una ciudad aliada de Cartago. Asdrúbal entonces salió son su ejército rumbo al norte, pero no socorrió a sus aliados, sino que inició el asedio de la ciudad aliada de Roma de Dertosa.

Tras esto, los Escipiones levantaron el sitio y se dirigieron a Dertosa, donde el ejército de Asdrúbal Barca les esperaba. Así pues, ambos ejércitos se enfrentaron en una explanada entre las ciudades de Iberta y Dertosa.

La batalla comenzó con los romanos cargando contra los hispanos que Asdrúbal había situado al frente de su ejército, y al tener un mayor número de soldados, consiguieron retrasar con facilidad su posición, sin embargo, esto formaba parte del plan de Asdrúbal para la batalla.

Fue entonces cuando los elefantes situados en los laterales de la batalla arremetiron contra la caballería de Escipión, sin embargo, los romanos consiguieron mantener su formación.

La batalla estaba reñida entre las caballerías cartaginesa y romana, y lo mismo pasaba con las infanterias de los romanos y sus contricantes libios; sin embargo, los hispanos situados en el centro de la batalla no pudieron soportar la presión en la que se encontraban y rompieron filas.

Conforme la infantería cartaginesa se desmonoraba, los ejercitos de Asdrúbal abandonaban el campo de batalla, y al no tener oponentes, acudió a ayudar a sus compañeros que aún tenían problemas con los libios.

Finalmente, las derrotadas tropas de Asdrúbal se retiraron completamente y los hermanos Escipión vencieron.

Tras la batalla los romanos decidieron seguir como estaban y no lanzar una persecución total contra los cartagineses, los cuales recibieron como refuerzos a dos ejércitos comandados por Magón Barca y Asdrúbal Giscón. Los cartagineses tampoco quisieron continuar hostigando a los romanos por encima del río Ebro, mientras que los romanos continuaron realizando pequeños saqueos en tierras cartaginesa con el propósito de volver a las tribus hispanas en contra de Cartago.

Rebelión de Sifax


En tierras africanas, el rey numida Sifax, aliado de Cartago, traicionó a dicha ciudad aliándose con Roma. Para sofocar la revuelta, Asdrúbal Barca volvió a Cartago, y con la ayuda de Gala (otro rey númida) y su hijo Masinisa, derrotó a Sifax, volviendo junto con las tropas de Masinisa a Hispania en el año 211 a.C, y recuperando así gran parte de la infantería que había perdido en Dertosa.

Batalla del Betis superior


En 211 a.C. Cneo Escipión y Publio Escipión, ante el refuerzo cartaginés, dicidieron dividir sus fuerzas: Publio y sus 20.000 hombres atacarían a Magón Barca cerca de Cástulo, y mientras tanto Cneo tomaría otros 10.000 hombres junto a 20.000 mercenarios celtíberos para atacar a Asdrúbal Barca.

Mientras tanto, Asdrúbal Barca ordenó a Asdrúbal Giscón, Masinisa y un jefe local llamado Antorgis unirse al ejército de Magón, y mientras él le plantaría cara a Cneo. Esta batalla se produjo, en realidad, en dos frentes diferentes, conocido el primero como Batalla de Cástulo, y el segundo como Batalla de Ilorca.

- Batalla de Cástulo


Cuanto más se acercaba Publio Escipión Cástulo, las tropas de Masinisa lo hostigaban día y noche, además, Publio Escipión se enteró de otro jefe ibero, Indíbil (el cuál un tiempo antes ya había sido capturado por los romanos en Cissa), por lo que decidió atacarle a él y sus 7500 hombres antes de que le dieran más problemas, por lo que los atacó por sorpresa por la noche.

Sin embargo, a pesar de la enorme superioridad numérica, los iberos aguantaron los suficiente hasta que Masinisa llegó con su caballería, flaqueando el ataque romano. La victoria se decantó aún más para los cartagineses cuando llegó Asdrúbal Giscón y Magón Barca con sus respectivos ejércitos. Los romanos rompieron filas y dejaron a Publio Escipión prácticamente solo en batalla, donde finalmente, murió.

Después, el ejército vencedor se dirigió a donde Asdrúbal Barca para reforzar a sus respectivas tropas.

- Batalla de llorca


Asdrúbal Barca sobornó a los mercenarios celtíberos para que desertaran del ejército romano, y eso sumado a la llegada de los ejércitos de Giscón y Magón Barca, solo supuso más problemas para el ejército romano. Cneo, sin conocer la muerte de su hermano, decició retirarse al norte.

Mientras escapaban por la noche, la caballería númida alcanzó a Cneo, y los romanos tuvieron que defenderse, lo que provocó que el ejército de Asdrúbal y demás llegara a donde los romanos.

Los romanos intentaron defenderse como pudieron con todo lo que tenían, pero los cartagineses les vencieron con facilidad, acabando con la vida Cneo Escipión pocos días después de matar a su hermano.

Con la muerte de los Escipiones, los romanos que consiguieron huir formaron un pequeño ejército al norte del río Ebro. Roma envió entonces a Caudio Nerón con 10.000 hombres para reforzar al muy tocado ejército romano. Los cartagineses no lanzaron entonces ninguna acción contra los romanos, algo que les causo un gran problema, ya que poco después llegó Publio Cornelio Escipión "el Africano".

Publio Escipión llega a Hispania


Publio Escipión llegó junto con el procónsul Marco Silano, el cual sustituiría a Claudio Nerón, y el consejero Cayo Lelio, que sería el jefe de la escuadra.

Los ejércitos cartagineses, repartidos en el sur de la península, se encontraban de la siguiente forma:

Posición_ejército_cartaginés_209_aC.jpg
La zona roja es la que se encontraba bajo influencia romana en 209 a.C. mientras que la zona verde corresponde a la zona cartaginesa. La parte en amarillo estaba dominada por las tribus peninsulares
1 - Asdrúbal Barca

2 - Asdrúbal Giscón

3 - Magón Barca

Con esta situación, Escipión decidió atacar Cartago Nova tanto por tierra como por mar. Puesto que la ciudad tenía una tropa insuficiente como para defenderla, finalmente tuvo que ceder, y los romanos consiguieron ocuparla. Rápidamente Escipión volvió a Tarraco antes de que Asdrúbal pudiera alcanzarle.

Tras esta incursión, buen parte de la Hispania Ulterior se sometió a Roma, y antiguos aliados de Cartago, enemistados ahora con éstos, se aliaron a lo romanos.

En el invierno de 209 a 208 a.C. tuvo lugar una nueva batalla entre cartagineses y romanos.

Batalla de Baecula


Escipión marchó contra Asdrúbal Barca, que se encontraba acampando en la ciudad de Baecula, en la parte superior del río Betis (actual Guadalquivir).

Tras enterarse de las intenciones romanas, Asdrúbal movió su campamento a un lugar donde poder defenderse de una forma más sólida, en lo alto de una meseta al sur de la ciudad. Con valles a los flancos y el río en el frente y en la retaguardia. Además, al estar la meseta dividida en dos escalones, Asdrúbal colocó a sus tropas ligeras en la parte inferior y al campamento principal en el escalón superior.

Escipión dudaba sobre cómo atacar esa posición, pero pensando que los otros dos ejércitos cartagineses podían unirse a Asdrúbal en poco tiempo, decidió actuar al tercer día de su llegada.

Escipión primero envió un destacamento a bloquear la entrada del valle y así dificultar una posible anexión de los otros dos ejércitos, además de evitar cualquier tipo de huida cartaginesa.

Con dichos preparativos resueltos, Escipión se lanzó hacia el campamento cartaginés, enviando un grupo de tropas ligeras que a pesar de la defensa cartaginea y le lluvia de proyectiles con la que fueron recibidos, fue capaz de hacer retroceder a las tropas cartaginesas. Asdrúbal entonces pensó que el ataque se trataba de una pequeña escaramuza romana, pues Escipión había ocultado su tropa principal. Esto provocó que no desplegara bien a su ejército, y cayó en la trampa de los romanos

Una vez reforzada la tropa principal, Publio Escipión atacó a los cartagineses con una maniobra en tenaza, dirigiendo él mismo el flanco izquierdo y dejando a su compeñero Cayo Lelio la parte derecha. Asdrúbal y gran parte de su ejército consiguió huir, posiblemente porque los romanos prefirieron quedarse saqueando el campamento púnico antes de perseguir a los cartagineses.

Tras la batalla, Asdrúbal desapareció de Hispania, pues se dirigió al norte para adentrare en la Galia, en un intento de unirse a Aníbal. Mientras, Escipión consiguió la alianza de más tribus nativas. Asi pues, también llegaron refuerzos cartagineses, que se unieron a Magón y Giscón.

Hannón el Viejo llega a Hispania


Después de salir Adrúbal de Hispania, Magón Barca se retiro con sus tropas a las islas Baleares, mientras que Asdrúbal Giscón mantenía su posición en Lusitania.

En 207 a.C. llegaron a Hispania refuerzos cartagineses, liderados por Hannón el Viejo, y reorganizados en la Península, pudieron recuperar gran parte del territorio perdido en el Sur.

Cuando Hannón recuperó estas zonas, Magón volvió a Hispania y se unió a Hannón, y Asdrúbal Giscón se ubicó junto a ellos. Sin embargo, poco después los romanos liderados por Marco Silano vencieron al ejército de Hannón y Magón, capturando al Viejo obligando a Asdrúbal y Magón a fortificarse en plazas más fuertes para poder defenderse.

Tras esta nueva derrota, Magón y Asdrúbal recibieron nuevos refuerzos desde Cartago, además de reclutar soldados indigenas. Se avecinaba la batalla final entre Cartago y Roma en Hispania, en Ilipa.

Batalla de Ilipa


Los cartagineses reunieron a todas las tropas disponibles en un mismo asentamiento, cerca de la ciudad ciudad de Ilipa, esperando a que los romanos les presentaran batalla y pudieran enfrentarse.

Publio Escipión, mientras tanto, había salido de Tarraco, haciendo más aliados entre las tribus hispanas, sin embargo, Escipión llegó con una fuerza inferior a la cartaginesa: cerca de 40.000 hombres frente a un ejército que escilaba entre los 55.000 y 70.000 soldados, entre los cuales se incluian unos 30 elefantes. Escipión acampó, y la batalla se produjo en el llamado "Vado de las Estacas" cerca de Ilipa.

Antes de comenzar la batalla, Escipión formó sus tropas colocando a los jinetes y velites al frente, y dejando a la infanterias má atrás, colocando a los soldados romanos en los flancos y a los iberos en el centro. Tanto el ejército romano como el cartaginés estuvieron haciendo escaramuzas durante un tiempo, hasta que Escipión comenzó a acercarse cada vez más a los cartagineses, cambiando constantemente su formación y sorprendiendo al enemigo cartaginés.

Así pues, los velites romanos comenzaron lanzando sus jabalinas contra los elefantes cartagineses, mientras que la infantería romana atacaba a los aliados iberos de Asdrúbal Giscón. El centro del ejército romano acabo por atacar al ejército central cartaginés. Los romanos aplastaron a los púnicos, y a pesar de su inferioridad numérica, hicieron retroceder a los cartagineses cada vez más, hasta que los soldados cayeron en el pánico y comenzaron a huir.

Tras la enorme derrota, los hispanos terminaron por abandonar a los cartagineses, y Asdrúbal Giscón, viendo que la victoria en Hispania era imposible, decidió retirar definitivamente la presencia cartaginesa en Hispania, dejando atrás miles de muertos.

Escipión, mientras tanto, persiguió a los cartagineses hasta África, llegando finalmente a derrotar al propio Anibal en la batalla de Zama, consiguiendo así acabar con la 2º Guerra Púnica y recibiendo el título por el que sería famoso para siempre: "El Africano".

Así acaba la guerra entre cartagineses y romanos en Hispania, sin embargo, aún quedaba mucho territorio para conquistar en la Penínsulas. Los romanos tenían ahora un nuevo enemigo en las tribus locales, las cuales les dieron más de un quebradero de cabeza a las tropas romanas.

DivisiónPenínsular197aC.jpgEl sometimiento romano de la Península(197 a.C - 133 a.C)


Después de la derrota cartaginesa en Hispania, los romanos dividieron la Península en dos provincias: Hispania Citerior, al norte y con Tarraco por capital, e Hispania Ulterior al Sur, cuya capital fue Córdoba.

Sin embargo, los romanos que aparentemente habían venido a salvar Hispania de los cartagineses, resultaron ser aún más despotas que éstos, lo que desembocó en que en el mismo 197 a.C. empezaran las grandes rebeliones por parte de los pueblos celtíberos en contra de Roma.




En el siguiente vídeo de artehistoria.com, podemos ver como eran las tribus ibéricas y celtas que habitaban la Península Ibérica.






Marco Catón el Viejo


Los pueblos narutales de la Península pusieron en un grave aprieto a las tropas romanas. Roma había perdido el control de la provincia Ulterior tras la rebelión de los turdetanos y la muerte de su gobernador, mientras que en el norte, las rebeliones de iberos provocaron que los romanos sólo controlaran unas pocas ciudades fortificadas.

Roma envió entonces al consúl Marco Catón en 195 a.C, que en una demostración de poderío militar, sofocó las rebeliones a golpe de espada. Los rebeldes no tuvieron más remedio que retirarse y volver a sus tierras, sometiéndose al poder de Roma. Sin embargo, entre los hispanos comenzó a correr el falso rumor de que Catón volvía a Italia, y no tardaron en coger de nuevo las armas y retomar las revueltas.

Catón venció a los sublevados, vendió a los prisioneros como esclavos y desarmo a todos los indígenas. Además, se llevó un enorme botín con 11.000 kilos de plata, 600 kg de oro, 123.000 denarios y 540.000 monedas de plata, tras lo que finalmente volvió a Roma.

Expansión por Hispania


Los romanos, tras sofocar las revueltas, continuaron conquistando Hispania.

Parte de Lusitania, al Oeste, fue conquistada por los romanos tras dos importantes victorias: en 189 a.C y 185 a.C. En el 178 a.C. la zona central conocida como Celtiberia cayó tras tres años de lucha, en una campaña donde Tiberio Sempronio Graco conquistó 30 ciudades y aldeas.

El propio Tiberio también firmó acuerdos con las ciudades vasconas, por las cuales se sometieron al dominio romano. Los habitantes de dichas ciudades tenían condición de ciudadanos, y a veces incluso tenían exención de impuestos. No ocurría lo mismo con aquellas ciudades que preferían luchar, ya que sus habitantes eran vendidos como esclavos, a no ser que se sometieran a los romanos antes de la derrota total.

Guerra Lusitana: Viriato


La zona oeste de la Península no fue nada fácil de conquistar, pués los lusitanos resistieron constantemente la invasión romana. En el año 155 a.C. y tras 20 años sin una rebelión importante en Hispania, una serie de caudillos lusitanos comenzaron a alzarse contra el poder romano.

Lusitania.jpgEl primero de ellos fué "Púnico", un cacique de la región que llego a vencer a los romanos, causándoles casi 6000 bajas. Tras la muerte de Púnico, otro lusitano llamado Caisaro se hizo con el mando de la revuelta, venciéndolas de nuevo en el 153 a.C.

A los rebeldes se unieron vetones y celtíberos, y todos juntos saqueaban con facilidad a los romanos por toda la Península. Ante la grave situación en Hispania, Roma incluso envió a 2 nuevos consules. La revuelta finalmente acabó con la intervención del consul Serbio Sulpicio Galba, matando prácticamente a todos los rebeldes.

Pero en el 147 a.C. apareció un nuevo caudillo que pondría la situación aún peor para Roma: Viriato. Este lusitano había conseguido escapar de las matanzas llevadas a cabo por Galba, y volvió a unir a los lusitanos contra Roma. Así pués, Viriato empleó contra Roma una táctica basada en las guerrillas: pequeños grupos de guerreros emboscaban a los soldados que pasaban a su lado. Los romanos, que estaban acostumbrados a luchar frente a frente y en terrenos llanos, caían con facilidad en este tipo de trampas.

Viriato condujo muchas incursiones en la península, tanto que incluso llegó al otro extremo de Hispania que bañaba el mar Mediterráneo.

En el 145 a.C., el general Quinto Fabio Máximo Emiliano consiguió vencer a los lusitanos, pero falló al intentar arrestar a Viriato, que paró sus campañas hasta 2 años después, pues en ese momento los romanos tenían la mayor parte de sus tropas en Numancia, asediando la ciudad. Viriato pasó a la ofensiva, y siguió cosechando victorias a ru favor.

La rebelión Lusitana acabó cuando Roma y Viriato llegaron a un acuerdo, y firmaron un tratado, sin embargo, los romanos no dudaron en romperlo sobornando a varios de los compañeros de Viriato, que lo traicionaron y asesinaron. Una vez muerto Viriato, la rebelión perdió fuerza y los romanos no tuvieron dificultades de consolidar su poder en Lusitania.

Guerra Numantina: Asedio de Numancia


Lusitania no era el único frente importante de los romanos en Hispania, pués en la zona Norte, Roma tuvo grandes problemas con los pueblos celtíberos, con los cuales mantuvo una serie de guerras conocidas como las Guerras Celtíberas. Durante más de 50 años, los romanos habían vencido a muchas tribus celtíberas al mismo tiempo que luchaban con cartagineses y otras tribus al sur.

Sin embargo, las noticias que llegaban de Lusitania sobre los éxitos de Viriato, sumado a las continuas violaciones por parte de los romanos del pacto de paz que habían firmado en el 152 a.C provocaron que los celtíberos se unieran a los lusitanos en su rebelión. Fue entonces cuando Roma decidió atacar la ciudad de Numancia, capital celtíbera, en el año 143 a.C.

Sin embargo, los numantinos resitieron el asedio de los romanos por más de 10 años. Durante todo ese tiempo, Roma llegó a enviar 6 generales para intentar acabar con la ciudad, siendo cada derrota más humillante que la anterior.

Durante ese tiempo, los romanos intentaron asaltar la ciudad varias veces, pero eran repelidos continuamente. La situación llego a tal punto que Roma se vió obligada a enviar a Hispania de nuevo a Publio Cornelio Escipión Emiliano, al mando de casi 60.000 soldados, en el 134 a.C.

Finalmente, Publio consiguió que los numantinos se rindieron. Cuando entraron en la ciudad, solo encontraron gente enferma y con mucha hambre. La mayoría de la población se había suicidado antes de que los romanos entraran. Los celtíberos habían sido vencidos finalmente, y un periodo de paz reinó en Hispania hasta 50 años después.

AsturesCantabros.jpg

Guerras Cántabras


Hispania volvió a convertirse en un escenario militar durante la Guerra Civil que tuvo lugar en Roma en el año 83 a.C., pero como esas batallas no afectan realmente a la Conquista de la Península, omitiré esa parte.

Las siguientes (y últimas) batalla que tuvieron lugar por el dominio de la Península fueron las conocidas como Guerras Cántabras, que duraron 10 años desde el 29 a.C. hasta el 19 a.C.

Las Guerras Cántabras fueron las únicas operaciones militares que el emperador César Augusto dirigió personalmente, y fueron las que culminaron, tras casi 200 años, la conquista de la Península Ibérica.

Por aquel entonces, con César Augusto como primer emperador de Roma, solo dos pueblos en Hispania eran independientes de Roma: los astures y los cántabros.

Lábaro cántabro: Estandarte militar de los cántabros, conocido por los romanos como "cantabrum"
Lábaro cántabro: Estandarte militar de los cántabros, conocido por los romanos como "cantabrum"

Causas del conflicto y principio del mismo


Los cántabros ya habían participado en operaciones anteriores en Hispania como mercenarios, por lo tanto, los romanos ya debían tener conocimiento del potencial guerrero de este pueblo desde antes de empezar la guerra.

El motivo principal de la invasión fue simplemente la ambición romana de someter completamente la Península Ibérica, y para ello, era indispensable conquistar a los únicos pueblos libres que quedaban en el Norte de Hispania: cántabros y astures.

El emperador Augusto, encargó a Statilio Tauro someter a cántabros, astures y vascones, y por ello, en 29 a.C. comenzaron las hostilidades que continuaron durante los dos años siguientes, con algunas victorias romanas. Sin embargo, los pueblos del norte continuaban siendo independientes. Por lo tanto, ante tales humillaciones (parece incluso que los vascones lograron hacerse con un estandarte romano, una verdadera ofensa para ellos), el propio Augusto abre el templo de Jano y se desplaza hasta Hispania para combatir a los pueblos rebeldes en el 26 a.C.

Augusto en Hispania


Como ya se dijo anteriormente, las Guerras Cántabras fueron las únicas campañas militares en las que Augusto participó de forma directa como Emperador de Roma. Augusto trajo consigo a 7 legiones (unos 42.000 hombres) más muchos auxiliares, llegando a reunir unos 70.000 hombres, y tras algunas campañas en las que conquisto ciudades como Astúrica y Amaya, recibe refuerzos desde la zona de Aquitania, con las que consigue someter por fin la zona norte de la Península.

Augusto, tras la victoria, abandona la zona debido supuestamente a una enfermedad. Se cierran las puertas de Jano y se les pagan 400 sestercios a los veteranos.

En cuanto a los cántabros, serían vendidos como esclavos mientras que a los guerreros les cortarían los brazos. Los poblados también fueron destruidos.

Sin embargo, en el 22 a.C. y con Augusto ya en Roma, los astures se sublevan y los cántabros se reorganizan, reviviendo la guerra.

Fue entonces cuando Augusto envió a su mejor general, Marco Vipsanio Agrippa, a sofocar las revueltas, consiguiendo, en el 19 a.C. la derrota final de los pueblos indigenas de la Península y la Conquista total y absoluta de Hispania. Para evitar nuevas rebeliones, todos los combatientes indigenas fueron enviados como esclavos a las minas de carbón y el resto de habitantes del norte se dispersó por la Meseta.